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Sobre “El juego de Ender” de Orson Scott Card

Si nunca en la vida has leído Ciencia Ficción, esta es una excelente obra para introducirte en el género. Otro libro ideal para hacer eso es la “Trilogía de la Fundación” por Isaac Asimov. Sin embargo, en “El Juego de Ender” se tiene un elemento muy particular que es un apego a un personaje principal, cosa que en Trilogía de la Fundación no ocurre realmente.

No estoy comparando obras, ambas son unas joyas, sólo hago la mención porque el género de Ciencia Ficción no es precisamente el más sencillo de abordar. Y no porque sea difícil de entender, sino porque si empiezas con obras increíbles, aunque un poco más avanzadas (como Hyperion), tal vez no le agarres mucho cariño al género por lo confuso que pude ser. Cuando lees ciencia ficción habrá cosas que no logras entender en el momento que las estás leyendo, pero más adelante todo comienza a tomar sentido. A veces como lectores nos gusta estar inmersos en la historia entendiendo todos los por qués y los cómos o de lo contrario nos sentimos incómodos al seguir avanzando, con la ciencia ficción uno tiene que aprender a vivir con ello.

Soy fiel creyente de que a cualquier persona le puede gustar cualquier cosa, siempre y cuando sea introducido de la forma correcta. Tal vez es una percepción mía y en realidad no entiendo nada de lo que ocurre, en fin…

Si estás pensando leer el libro, debes saber:

Sobra decir que hay una película que salió al público en el 2013, y pues no fue exactamente la mejor evaluada. Se siente muy apresurada, cortan momentos importantes en la historia, el desarrollo de los personajes es pobre y demás. Entonces la verdad es que no es una cuestión para decir “para qué leer el libro si puedo ver la película”. Porque como es costumbre:

Estuvo mucho mejor el libro.

Tu amigo el mamador
El juego de Ender versión de Bolsillo

Por su puesto que la película no le hace justicia a la historia. La maldita historia se ganó los premios “Nebula” y “Hugo” en 1986. No hace falta conocer estos premios en realidad, son premios mamalones y ya está. De hecho, Orson Scott Card, ha sido el único autor que ha ganado ambos premios dos veces consecutivas, la primera con el “Juego de Ender” y la segunda con la continuación de la saga de Ender: “La voz de los muertos”. Éste segundo también es un gran libro, pero me lo guardaré para otro artículo.

Entonces sí, la historia es bastante buena, desarrolla muy bien a los personajes principales, es muy fácil de seguir, las descripciones no dejan dudas sobre lo que pasa y cada elemento tiene su razón de estar. Algunas cosas parecen no ser relevantes, pero son clave para conectar con el siguiente libro. Pero aquí estamos hablando de la forma del libro, ahora nos concentraremos en el fondo, que es donde encuentro lo más interesante.

Sobre el fondo de la historia (ojo: a partir de aquí hay spoilers)

A simple vista parece una historia de un chamaco super dotado que por alguna razón nació para darle en la madre a una raza alienígena que amenazan con destruir a la humanidad. Pareciera que es una historia simplona, de guerras espaciales y argumentos entretenidos para adolescentes, pero no, el mensaje disfrazado en la historia va más allá que una guerra espacial.

En realidad lo que se puede ver en la historia son temas de doctrina y fe ciega en las instituciones humanas. Porque tenemos a un Ender, que sin deberla ni temerla, es el responsable (o indicado) de eliminar la amenaza de los insectores sobre los humanos. Es un morrito como de 8 años cuando se lo llevan a la escuela de batalla, sólo porque aparentemente tiene esta mentalidad de ganarle al enemigo tan duro en la primer pelea para que no haya una segunda, entonces en automático, por hacer “fatalities” ya habrás ganado la guerra y no sólo la batalla.

Obvio que la historia no es perfecta, y uno de los fallos que encuentro es que nunca quedó claro, es si Ender era alguna especie de modificación genética para que fuese un excelente capitán. Ya que al parecer, el hecho de que tenga un balance perfecto entre agresividad y empatía no fue coincidencia. Porque su hermano, Peter, resultó ser super agresivo y su hermana, Valentine, super mancita.

Lo importante de todo esto, es que Ender crecer al rededor de una doctrina que lucha por la supervivencia del ser humano. Siempre le entrenan para ser el capi más buenazo de la historia, pero nunca le dicen por qué debe serlo, solamente diciéndole que es algo que debe hacer por el bien de la humanidad. Que los insectores hace unos 80 años se agarraron a palos con los humanos, matando a varios pero al final cayendo derrotados gracias al gran “Mazer Rackham”.

Para Ender todo se trata de juegos, en la escuela de batalla sólo se trataba de eso, juegos y después en simulaciones muy reales sobre la guerra. El gran shock llega cuando al final de todo se va enterando de que en realidad no saben si hay una necesidad de volverse a agarrar a palos con los insectores. Porque son una especie que atacó pero nunca volvió a hacerlo, además de que nunca se ha llegado a algún diálogo con ellos; que todo se resumía a mera supervivencia. Y ahí es donde una de las frases más interesantes del libro:

La naturaleza no evoluciona a las especies sin instinto de supervivencia

Orson Scott Card

Entonces Ender, con su gran empatía y bondad empieza a cuestionarse si realmente es el camino correcto. Pero al final, es un soldado, es sólo una herramienta para las cabezas que dirigen a los humanos. Algo así como: “No importa lo que él piense o sienta, importa lo que puede hacer con nuestras órdenes”. Entonces engañan a Ender con una “simulación” que en realidad no era una simulación sino que estaba ordenando a otras tropas que estaban ya cerca de los insectores y aniquilaron a toda la especie.

Finalmente Ender queda como el “héroe” que erradicó en su totalidad con una especia alienígena que amenazaba la supervivencia del humano. Pero a fin de cuentas, la sociedad lo puso en un pedestal como héroe, pero en realidad se había convertido en un genocida sin su consentimiento, porque no fue más que una herramienta. Todo esto es lo que conecta con la historia del segundo libro “La voz de los muertos”.


Para cerrar

Eso es de lo que realmente se trata el libro, o al menos como yo lo interpreté. No es una historia superficial de guerras entre humanos y extraterrestres. Es más bien un mensaje hacia este “instinto de supervivencia” que ciega el razonamiento humano y lo convierte todo en una dicotomía de “ellos contra nosotros”.

No es un tema que únicamente se pueda ver en el caso de humanos vs cualquier otras especies, es algo que se puede ver entre humanos contra mismos humanos solamente por el aparente hecho de ser de diferentes razas.

Cuando lo mismo que nos une es lo que nos separa

En este artículo nos vamos a poner un poco profundos y reflexivos. Este es un tema bastante interesante en el que todos estamos inmersos todos los días pero no nos damos cuenta, o ignoramos a propósito.

Estaba leyendo el libro de Sapiens: de animales a Dioses, de Yuval Noha Harari, y vaya libro. Aún no lo termino, en realidad sólo llevo el primer capítulo pero me dio suficiente para irme para atrás y decidir escribir este artículo antes de que se me fuera la idea; porque para mí fue como una epifanía (o algo raro que pasa en la cabeza cuando te das cuenta de algo tan interesante que siempre ha estado ahí).

La idea, básicamente, es que al humano lo unen constructos sociales inventados por el mismo humano. Uno puede estar totalmente seguro de la tangibilidad de elementos como los ríos, árboles, animales, etc. Y por otro lado, no hay forma de ver tangibles los elementos como las nacionalidades, religiones o incluso empresas. Sin embargo, estos elementos intangibles son los que nos mantienen unidos como sociedad para que no nos pelemos entre nosotros o desorganicemos.

En el libro de Harari, teorizan que en los primeros grupos de Homo Sapiens hace miles de años, no había forma de mantener unidos y pacíficos a más de unos 100 homo sapiens juntos. Porque siempre destacaban líderes o “machos alfa” con diferentes ideas y comportamientos. En los grupos grandes sólo era cuestión de tiempo para que hubieran peleas internas que terminaban en separaciones por lo que era prácticamente imposible crear sociedades grandes. Pero esto se terminó cuando llegaron constructos sociales, creados por la imaginación, a poner orden.

Al parecer, el humano por naturaleza está destinado a no poder estar en armonía con otros humanos a menos de que algo los una. Y en este caso, eso que nos une son cosas imaginarias que nosotros mismos nos inventamos que ya mencioné.

Ponte a pensar en ello a profundidad, a lo largo de la historia han habido infinidad de religiones, imperios, naciones, compañías que han llegado y se han ido así sin más. Ninguna de ellas con la capacidad de ser percibidas de forma tangible, o que podamos asegurar de alguna manera que realmente existen. Son constructos imaginarios hechos por el mismo humano.

Hoy en día somos parte de un grupo social, establecido por ese constructo imaginario. ¿Cómo tangibilizas que eres de la nacionalidad que dice tu pasaporte? Un factor que se determina totalmente de la geografía y la suerte de dónde naces. La humanidad está en un acuerdo social (salido de la imaginación) que tales ubicaciones y fronteras corresponden a X o Y países. Estos constructos están tan adentro de todos los humanos que es considerado un loco si alguien se opusiera al “hecho” de que es de X nacionalidad porque su nacimiento fue en un lugar que el humano determinó como X país.

Espero no estar pareciendo un loco anarquista “anti-sistemas” o algo por el estilo. Sólo quiero que surja la duda en nuestros adentros y estemos más conscientes de nuestro sistema (la matrix).

“La cordura no es estadística”

George Orwell – 1984

Lo que nos separa

Espero haber podido explicar correctamente el hecho de los constructos imaginarios que nos mantienen unidos. En realidad, no necesita mucha explicación, sólo es cuestión de que veas tu situación y te des cuenta que “Ser mexicano y católico” une tu vida con otras personas, y lo que tienen en común es haber nacido en el mismo lugar y tener rasgos físicos similares.

En fin, esto mismo que nos une es lo mismo que nos separa de otros humanos. Es muy interesante como en la canción de “Imagine”, John Lennon se pinta como un loco (o un soñador) por imaginar un mundo sin divisiones de nacionalidad o religión. Cuando en realidad, las nacionalidad y religiones salieron de la imaginación del humano. ¿Soy el único que piensa que esto es irónico o ya se me reventó la tacha?

¿Por qué sentimos más empatía por las desgracias que le pasan a nuestros “compatriotas” a comparación de los que no lo son? El odio que se puede generar hacia otros humanos por el mero hecho de no ser de nuestro país, religión, o grupo social, lo que sea, no tiene fundamentos sólidos. Sólo un montón de patrañas sacadas de las nalgas del ser humano.


No es que quisiera un mundo donde no existan estas divisiones tampoco. Porque es cierto que estar unidos por cualquier cosa que fuera siempre es bueno para las sociedad. De no haber estos constructos imaginarios, seguramente estaríamos hundidos en una situación tipo “Mad Max” (y sin exagerar). Lo que busco únicamente es despertar la duda o la consciencia de nuestra situación. Y también, pensar dos veces antes de echar odio o indiferencia hacia otras personas por no ser de nuestro “grupo”.

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