Hablar de fracaso siempre es incómodo, obviamente nadie quiere ser un fracasado y mucho menos reconocer que lo es. Hace falta mucha madurez y reflexión para hablar y concluir qué es y qué no es un fracaso para sacar lo mejor del fracaso. Porque sí, el fracaso también trae cosas buenas más allá del aprendizaje.

Esto es lo que me llevo de “Número dos” de David Foenkinos. Un profunda reflexión disfrazada de novela biográfica de Martin Hill, la persona que ‘casi’ es Harry Potter pero se quedó en la raya. En una situación en la que, quedar cerca, sólo fue motivo para perder más feo.

La horrible relación entre fracaso y destino

Lo violento del fracaso es perder el control de su propio destino

David Foenkinos | número dos

Esta frase cae como un balde de agua fría.

Se dice que la vida de una persona se divide en dos partes; la primera en la que se hace de todo persiguiendo un destino, y la segunda en donde somos atropellados por el mismo y tratamos de vivir con ello.

La gran mayoría de las personas no somos conscientes del poco control que tenemos sobre nuestras vidas y nuestro destino. Solemos creer que lo que pase con nosotros está en nuestras manos, que es cuestión de decisiones y un “poco” de suerte.

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Está claro que para el éxito se trabaja duro, y que hay que tener ambición para lograr grandes cosas en la vida. Pero en ocasiones, un pequeño factor fuera de nuestro control dicta la sentencia final de nuestros esfuerzos.

Para el caso de David Hill, que se esforzó e hizo todo lo que estuvo en sus manos para ser Harry Potter, le faltó ‘un algo’ que lo dejó en segundo lugar. Y aquí es donde la vida del fracasado protagonista se parte en dos. Por un lado, una vida de fama, y por el otro, una vida envidiando la fama.

Cuando fracasamos, un parte de nuestro yo que ‘persigue’ su destino se diluye en esperanzas rotas. Cuanto más grande el fracaso, más grande la parte que se diluye.

El fracaso “no” es perpetuo

‘El fracaso no es perpetuo’ es una verdad a medias, o en realidad, una verdad dependiendo de dónde lo veas.

Es cierto que la sensación del fracaso es pasajera, entre más reciente el fracaso, mayor el malestar o el dolor de haberlo vivido. Como cualquier cosas buena o mala que nos pase en la vida.

Sin embargo, por la novela de Foenkinos, llegué a dudar o a reflexionar sobre la perpetuidad del fracaso con la frase:

Es raro que uno tenga acceso a su destino opuesto; nuestro camino único no brinda el menor acceso a los senderos que no tomamos

David Foenkinos | Número dos

Una de las grandes ventajas de nuestra condición humana y las leyes del universo, o llámalo como quieras, es que no podemos conocer el “hubiera”. No sabemos qué pudo o no haber pasado si “hubiéramos” hecho X o Y cosas en Z momento.

Simplemente continuamos con la vida y pensamos “todo ocurre por algo”. Claro está que todo ocurre por algo, todo lo que pasa en nuestras vidas es porque ocurrió ese algo. Bueno o malo, así son las cosas y no se pueden cambiar ni saber qué hubiera pasado.

Entonces, la sensación del fracaso no es para toda la vida, pero las consecuencias de éste sí lo son.


Hay que aprender a vivir con ello. La reflexión que uno se lleva con este libro es dura pero necesaria. Es importante ‘agarrar el toro por los cuernos’ y ver el tema del fracaso directamente a los ojos.

Entenderlo, aprender de él y sus consecuencias. Desde mi perspectiva, hay que tener una buena relación con él para vivir mejor, menos frustrados y más contentos.

Tenemos que saber distinguir los fracasos y sus consecuencias, no sirve de nada negarlo y creer que nunca fracasamos. Hay victorias que al final del día resultan ser derrotas; pero no nos enteramos porque no tenemos acceso a los otros destinos. Y eso es bueno.

No saber cómo hubieran sido las cosas nos mantiene sanos. En la novela de Foenkinos está claro y tiene sentido, el protagonista sufre porque puede ver lo que hubiera ocurrido si él no hubiera fracasado.

Desde mi punto de vista, es uno de los factores por el cual las apuestas son tan exitosas. Porque al apostar, creemos que la victoria está en nuestras manos, y porque sabemos el resultado que ‘hubiera’ pasado si hubiéramos apostado por X o Y resultado.

Hace ver el éxito a la mano y las posibilidades cercanas. Pero esto de las apuestas es sólo un ejemplo, la idea es extrapolar este pensamiento a las diferentes situaciones en la vida.

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