En los últimos meses he estado leyendo más de lo que me pude imaginar capaz. Cualquiera podría hacerlo, sólo es cuestión de ajustar prioridades y cambiar perspectivas. En un artículo anterior ya hemos hablado de cómo leer libros a lo desgraciado sin tener “habilidades” de lectura rápida y esas cosas.

Y sí, ya van varios meses en los que más o menos he leído un libro a la semana, dependiendo la longitud, a veces más a veces menos. En fin, estoy cumpliendo lo que quería que era leer 4 libros al mes, todo para ver si de alguna forma mi vida cambiaría después de un año sin fallar. Ya llevo unos 8 meses, aún no termino el año que me propuse pero a estas alturas ya puedo sacar algunas conclusiones.

¿Todos los libros aportan algo?

Creo que existe esa falsa creencia de que leer un libro siempre es bueno, lo que nos hace creer que la cantidad de libros que leemos tiene algún impacto. Ahí mi primer error, en todo este tiempo he leído uno que otro libro que no me ha aportado casi nada. Al principio, traía una obsesión de no dejarlos incompletos, conforme iba avanzando me daba cuenta que no valía la pena perder tiempo en libros que no aportan nada y los dejaba incompletos; a pesar de que ya los hubiera pagado (y no eran baratos).

Con esto no quiero decir que hay libros por ahí que no valen nada, más bien, hay libros que no encajan con nosotros o con nuestros tiempos. Y es normal, algunos títulos venden bastante bien y el contenido resulta no ser lo que esperábamos.

La primer lección para sacarle jugo a lo que leemos, y algo que he mencionado ya en varios artículos anteriores, es: No te obligues a terminar libros que no te están aportando nada. Sin remordimiento, déjalos incompletos y tal vez después vuelves a intentarlo. Nuestro tiempo es demasiado limitado como para perderlo leyendo cosas que no nos aportan.

Libros para nuestras circunstancias

Bueno, como ya dije, hay libros que simplemente no encajan con nosotros por nuestras circunstancias o nuestros tiempos. No me sirve de nada leer sobre emprendimiento si nunca he tenido ganas, o siquiera la curiosidad, de hacerlo. Aquí entra algo que alguna vez leí en algún lugar y ya no recuerdo dónde pero se me quedó muy grabado: En este mundo hay dos tipos de lectores, los accidentales y los intencionales.

Era una simple frase, pero creo que no requiere mucha explicación. Aquellos lectores accidentales son los que por azares del destino, alguna recomendación o por alguna fuerza extraña deciden leer un libro que no estaban buscando. Un lector intencional podría ser alguien que quiere emprender, entonces busca leer todos los libros de negocios que se encuentre en su camino. Evidentemente las posibilidades de encontrar contenido de valor en lo que leemos es cuando somos lectores intencionales.

Necesitamos encontrar temas de nuestro interés, y con base en ello, hacer las elecciones de lo que queremos leer. Si hay algo que abunda en estos tiempos es la información.

¿Cómo almacenar tanta información?

La realidad es que no se puede. No somos máquinas para almacenar cantidades industriales y tampoco necesitamos recordarlo todo.

Yo diría que leer es como ver series de televisión. Ponte a pensar en todas las series que has visto, obviamente no te acuerdas a la perfección de ellas. Sin embargo, recuerdas los momentos importantes o aquellos que fueron un parteaguas en la trama. Si has visto una serie 2 veces, seguramente en algún momento dices: “Ah caray! Ya no me acordaba que pasaba eso”. Pues justo así pasa con los libros.

Tampoco es que tengamos una obsesión por recordar absolutamente todo lo que ocurra en una serie. No andamos sacando apuntes por capítulo con lo más importante de lo ocurrido. Pero bueno, obvio con los libros es distinto, porque en teoría lo que nos aportan es algo que deberíamos registrar en nuestras cabezas para darles uso en algún punto de nuestras vidas.

El problema es que los libros están llenos de información valiosa pero la mayoría podrían ser considerados como “rómpase en caso de emergencia”. No es como que en cuanto cierres un libro ya empieces a aplicar todo lo aprendido. O mencionar en tus conversaciones lo que aprendiste, vas a parecer un auténtico mamador pretencioso.

Para poder lidiar con eso, la mejor opción es apuntar en qué parte está la información para que cuando haya un incendio podamos volver a ella fácilmente. Subrayar los libros o anotar en el libro no funcionaría tanto, porque se queda adentro del libro y tienes que andar hojeando. Lo mejor es escribir en tu app de notas o tu libro cosas como: “Esto me va a servir cuando quiera andar de pretencioso en una conversación – Título del libro – Página X”

Así tendrás una libreta maestra o un nota maestra (dependiendo si eres old school o no) en donde estarán toda tu información de categoría “rómpase en caso de emergencia”. Es de los hábitos que más me han servido y que dudo dejarlo. Es como armar un índice, es rápido, es fácil y más útil que hacer resúmenes o anotaciones detalladas.

Entonces, para resumir, son 3 cosas las que me han funcionado para aprovechar más los libros que termino:

  • No perder tiempo en libros que no aporten nada
  • Ser lector intencional
  • Hacer un índice de conocimiento

No es una guía definitiva, pero son cosas que me arriesgaría a decir que a cualquiera le funcionarían.

Artículo originalmente publicado en Brain Boost