En este artículo nos vamos a poner un poco profundos y reflexivos. Este es un tema bastante interesante en el que todos estamos inmersos todos los días pero no nos damos cuenta, o ignoramos a propósito.

Estaba leyendo el libro de Sapiens: de animales a Dioses, de Yuval Noha Harari, y vaya libro. Aún no lo termino, en realidad sólo llevo el primer capítulo pero me dio suficiente para irme para atrás y decidir escribir este artículo antes de que se me fuera la idea; porque para mí fue como una epifanía (o algo raro que pasa en la cabeza cuando te das cuenta de algo tan interesante que siempre ha estado ahí).

La idea, básicamente, es que al humano lo unen constructos sociales inventados por el mismo humano. Uno puede estar totalmente seguro de la tangibilidad de elementos como los ríos, árboles, animales, etc. Y por otro lado, no hay forma de ver tangibles los elementos como las nacionalidades, religiones o incluso empresas. Sin embargo, estos elementos intangibles son los que nos mantienen unidos como sociedad para que no nos pelemos entre nosotros o desorganicemos.

En el libro de Harari, teorizan que en los primeros grupos de Homo Sapiens hace miles de años, no había forma de mantener unidos y pacíficos a más de unos 100 homo sapiens juntos. Porque siempre destacaban líderes o “machos alfa” con diferentes ideas y comportamientos. En los grupos grandes sólo era cuestión de tiempo para que hubieran peleas internas que terminaban en separaciones por lo que era prácticamente imposible crear sociedades grandes. Pero esto se terminó cuando llegaron constructos sociales, creados por la imaginación, a poner orden.

Al parecer, el humano por naturaleza está destinado a no poder estar en armonía con otros humanos a menos de que algo los una. Y en este caso, eso que nos une son cosas imaginarias que nosotros mismos nos inventamos que ya mencioné.

Ponte a pensar en ello a profundidad, a lo largo de la historia han habido infinidad de religiones, imperios, naciones, compañías que han llegado y se han ido así sin más. Ninguna de ellas con la capacidad de ser percibidas de forma tangible, o que podamos asegurar de alguna manera que realmente existen. Son constructos imaginarios hechos por el mismo humano.

Hoy en día somos parte de un grupo social, establecido por ese constructo imaginario. ¿Cómo tangibilizas que eres de la nacionalidad que dice tu pasaporte? Un factor que se determina totalmente de la geografía y la suerte de dónde naces. La humanidad está en un acuerdo social (salido de la imaginación) que tales ubicaciones y fronteras corresponden a X o Y países. Estos constructos están tan adentro de todos los humanos que es considerado un loco si alguien se opusiera al “hecho” de que es de X nacionalidad porque su nacimiento fue en un lugar que el humano determinó como X país.

Espero no estar pareciendo un loco anarquista “anti-sistemas” o algo por el estilo. Sólo quiero que surja la duda en nuestros adentros y estemos más conscientes de nuestro sistema (la matrix).

“La cordura no es estadística”

George Orwell – 1984

Lo que nos separa

Espero haber podido explicar correctamente el hecho de los constructos imaginarios que nos mantienen unidos. En realidad, no necesita mucha explicación, sólo es cuestión de que veas tu situación y te des cuenta que “Ser mexicano y católico” une tu vida con otras personas, y lo que tienen en común es haber nacido en el mismo lugar y tener rasgos físicos similares.

En fin, esto mismo que nos une es lo mismo que nos separa de otros humanos. Es muy interesante como en la canción de “Imagine”, John Lennon se pinta como un loco (o un soñador) por imaginar un mundo sin divisiones de nacionalidad o religión. Cuando en realidad, las nacionalidad y religiones salieron de la imaginación del humano. ¿Soy el único que piensa que esto es irónico o ya se me reventó la tacha?

¿Por qué sentimos más empatía por las desgracias que le pasan a nuestros “compatriotas” a comparación de los que no lo son? El odio que se puede generar hacia otros humanos por el mero hecho de no ser de nuestro país, religión, o grupo social, lo que sea, no tiene fundamentos sólidos. Sólo un montón de patrañas sacadas de las nalgas del ser humano.


No es que quisiera un mundo donde no existan estas divisiones tampoco. Porque es cierto que estar unidos por cualquier cosa que fuera siempre es bueno para las sociedad. De no haber estos constructos imaginarios, seguramente estaríamos hundidos en una situación tipo “Mad Max” (y sin exagerar). Lo que busco únicamente es despertar la duda o la consciencia de nuestra situación. Y también, pensar dos veces antes de echar odio o indiferencia hacia otras personas por no ser de nuestro “grupo”.