La ventaja de escribir y no ser famoso es que nadie te lee. Entonces si estás pasando tus ojos por estas palabras, seguramente me conoces personalmente o por alguna razón demasiado extraña llegaste aquí. Y digo que nadie lea lo que escribo es una ventaja porque tengo la libertad de cambiar de opinión como si se tratara de calzones.

La realidad es que cuando uno no es una figura pública o algo similar, su opinión vale 3 kg de chorizo. Tu opinión sólo le medio importa a tus conocidos más cercanos, familia, amigos etc. pero tampoco es algo tan relevante. Esto parece ser algo malo pero en realidad es uno de los privilegios más grandes que uno puede gozar.

Hoy puedes pensar que vibrar alto es lo más cool y verdadero del universo, y mañana decir que vibrar alto es la pendejada más grande que a alguien se le haya ocurrido. ¡Puedes hacerlo! y lo más importante… debes hacerlo.

Castigar el cambio

Últimamente se ha hecho más evidente el linchamiento mediático o castigo para aquellos que cambian de opinión. Si alguien tenía una opinión contundente sobre algo, pero posteriormente cambia su postura, es motivo para calificarlo como incoherente. ¿Entonces en el momento que uno decide postular una idea al aire tiene que comprometerse con esa idea hasta que se muera?

Por este mismo castigo y ridiculización que uno recibe por los demás, es que las personas odian reconocer que cambiaron de opinión, porque es estar conscientes de que se equivocaron así que prefieren no hacerlo. Todo se vuelve un círculo vicioso, la gente no cambia de opinión porque no quieren aceptar “el error”, y los que linchan a los que piensan diferente nos les permiten cambiar porque de igual manera los van a linchar por incoherentes. ¿Me entiendes a lo que voy?

Eso lo podemos ver todos los días en Internet, con políticos, influencers o cualquier tipo de figura pública que tenga opiniones contrarias a las de la mayoría. Pero como te decía en un inicio, nosotros tenemos el privilegio de cambiar de opinión y que sea irrelevante para cualquiera.

Cambiando ando

Yo personalmente era partidario del emprendimiento y temas de “échale ganísmo”. Podrías darte cuenta solamente con leer un par de artículos publicados anteriormente a este. Tenía la firme idea de que cualquiera puede lograr todo lo que desea, o al menos acercarse un poco. Todo esto surgía gracias a libros de negocios, emprendimiento, y en general de superación, que me hacían ser un defensor de esta mentalidad.

Sin embargo, al comenzar a leer otros libros que contrariaban bastante lo anterior, comencé a modificar mi opinión sobre todos estos temas. Al principio me generaban conflicto, una especie de crisis existencial que me hacían sentir desperdiciado. Sin estar seguro de cuál debería ser el punto de vista o la opinión correcta. Hasta ahora sigo sin saber cuál es el punto de vista correcto, pero he tomado la decisión de cambiar mis ideas; porque encuentro más motivos para creer que estaba equivocado que motivos para mantenerme como estaba.

Me parece que lo mejor que puede hacer uno en la vida es poner a prueba sus convicciones. Aunque parezca una tortura extraña, tratar de convencerte en cambiar de opinión es lo que puede reforzar mejor lo que piensas o tener fundamentos para cambiar.

Por ejemplo, uno puede ser una persona totalmente pro-aborto y tener sus razones, pero nunca ha intentado entender a los que son pro-vida (y viceversa). Porque unos descalifican a los otros sin escuchar razones. No han intentado persuadirse por sí solos a pasarse al otro bando. Si vas a tomar una postura, antes te invito a tratar de convencerte a pasarte al otro lado, si no lo logras, entonces probablemente estarás en el lado que, con fundamentos, consideras el correcto.

Si nunca has cambiado tu postura sobre algo, tal vez no estás teniendo pensamiento crítico y tomas posiciones nada más porque sí. Toma el privilegio de que a nadie le importa lo que opines, pon tus ideas en situaciones incómodas y asegúrate de que tus opiniones o creencias pasaron por un buen filtro y análisis antes de adoptarlas fervientemente.