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Más allá del Fracaso: Reflexiones Inspiradas por ‘Número dos’ de David Foenkinos

Hablar de fracaso siempre es incómodo, obviamente nadie quiere ser un fracasado y mucho menos reconocer que lo es. Hace falta mucha madurez y reflexión para hablar y concluir qué es y qué no es un fracaso para sacar lo mejor del fracaso. Porque sí, el fracaso también trae cosas buenas más allá del aprendizaje.

Esto es lo que me llevo de “Número dos” de David Foenkinos. Un profunda reflexión disfrazada de novela biográfica de Martin Hill, la persona que ‘casi’ es Harry Potter pero se quedó en la raya. En una situación en la que, quedar cerca, sólo fue motivo para perder más feo.

La horrible relación entre fracaso y destino

Lo violento del fracaso es perder el control de su propio destino

David Foenkinos | número dos

Esta frase cae como un balde de agua fría.

Se dice que la vida de una persona se divide en dos partes; la primera en la que se hace de todo persiguiendo un destino, y la segunda en donde somos atropellados por el mismo y tratamos de vivir con ello.

La gran mayoría de las personas no somos conscientes del poco control que tenemos sobre nuestras vidas y nuestro destino. Solemos creer que lo que pase con nosotros está en nuestras manos, que es cuestión de decisiones y un “poco” de suerte.

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Está claro que para el éxito se trabaja duro, y que hay que tener ambición para lograr grandes cosas en la vida. Pero en ocasiones, un pequeño factor fuera de nuestro control dicta la sentencia final de nuestros esfuerzos.

Para el caso de David Hill, que se esforzó e hizo todo lo que estuvo en sus manos para ser Harry Potter, le faltó ‘un algo’ que lo dejó en segundo lugar. Y aquí es donde la vida del fracasado protagonista se parte en dos. Por un lado, una vida de fama, y por el otro, una vida envidiando la fama.

Cuando fracasamos, un parte de nuestro yo que ‘persigue’ su destino se diluye en esperanzas rotas. Cuanto más grande el fracaso, más grande la parte que se diluye.

El fracaso “no” es perpetuo

‘El fracaso no es perpetuo’ es una verdad a medias, o en realidad, una verdad dependiendo de dónde lo veas.

Es cierto que la sensación del fracaso es pasajera, entre más reciente el fracaso, mayor el malestar o el dolor de haberlo vivido. Como cualquier cosas buena o mala que nos pase en la vida.

Sin embargo, por la novela de Foenkinos, llegué a dudar o a reflexionar sobre la perpetuidad del fracaso con la frase:

Es raro que uno tenga acceso a su destino opuesto; nuestro camino único no brinda el menor acceso a los senderos que no tomamos

David Foenkinos | Número dos

Una de las grandes ventajas de nuestra condición humana y las leyes del universo, o llámalo como quieras, es que no podemos conocer el “hubiera”. No sabemos qué pudo o no haber pasado si “hubiéramos” hecho X o Y cosas en Z momento.

Simplemente continuamos con la vida y pensamos “todo ocurre por algo”. Claro está que todo ocurre por algo, todo lo que pasa en nuestras vidas es porque ocurrió ese algo. Bueno o malo, así son las cosas y no se pueden cambiar ni saber qué hubiera pasado.

Entonces, la sensación del fracaso no es para toda la vida, pero las consecuencias de éste sí lo son.


Hay que aprender a vivir con ello. La reflexión que uno se lleva con este libro es dura pero necesaria. Es importante ‘agarrar el toro por los cuernos’ y ver el tema del fracaso directamente a los ojos.

Entenderlo, aprender de él y sus consecuencias. Desde mi perspectiva, hay que tener una buena relación con él para vivir mejor, menos frustrados y más contentos.

Tenemos que saber distinguir los fracasos y sus consecuencias, no sirve de nada negarlo y creer que nunca fracasamos. Hay victorias que al final del día resultan ser derrotas; pero no nos enteramos porque no tenemos acceso a los otros destinos. Y eso es bueno.

No saber cómo hubieran sido las cosas nos mantiene sanos. En la novela de Foenkinos está claro y tiene sentido, el protagonista sufre porque puede ver lo que hubiera ocurrido si él no hubiera fracasado.

Desde mi punto de vista, es uno de los factores por el cual las apuestas son tan exitosas. Porque al apostar, creemos que la victoria está en nuestras manos, y porque sabemos el resultado que ‘hubiera’ pasado si hubiéramos apostado por X o Y resultado.

Hace ver el éxito a la mano y las posibilidades cercanas. Pero esto de las apuestas es sólo un ejemplo, la idea es extrapolar este pensamiento a las diferentes situaciones en la vida.

¿Cómo saber qué es lo que me apasiona? (3 consejos)

Si llevas más de 5 minutos dando vueltas por Internet, ya te habrás topado con un sin fin de contenido sobre lo que puedes lograr cuando eres apasionado, que tienes que encontrar tu pasión, y demás mensajes que nos quieren convencer de que la pasión es lo máximo. No me malinterpretes, ser apasionado o tener pasión por algo es algo bastante bueno para nuestra existencia, incluso para darle un sentido a nuestras vidas, pero hay que tener cuidado con las ideas y conceptos que tenemos al rededor de “la pasión”.

Todos nos hemos topado en algún punto con gente que le apasiona intensamente lo que hace. Lo puedes notar a leguas, por sus expresiones, sus tonos de voz, ademanes, o diferentes indicadores que te hacen saber que esa persona siente una gran pasión por ese aquello. Puede ser desde un jugador de futbol, hasta un guía turístico, lo notas, porque lo disfruta y parece que está dispuesto a morir en la raya haciendo lo que hace porque ama hacer eso.

Después de haber visto a esa persona hacer lo que le apasiona, llegas a tu casa y reflexionas: “¿A mí qué me apasiona tanto como a este tipo? ¿Nada?” Y piensas en lo que haces todos los días y poco a poco te vas rompiendo internamente porque sientes que nada de lo que haces te apasiona como a aquella persona, que no has encontrado ese “algo” que te llena, que no lograrás nada sobresaliente si no encuentras lo que te apasiona, y demás tormentos mentales.

Aquí es donde llegamos al primer mito al rededor de la pasión, y es pensar que las pasiones se encuentran o se descubren de manera interna. No habrá test de personalidad que encuentre tu pasión por ti. La realidad es que somos esponjas de lo que nos rodea, y pensar que adentro de nosotros hay algo más allá que nos diga para lo que fuimos hecho es una idea equivocada, en este artículo hablamos de esto. Entonces el primer consejo:

1. Una pasión no se encuentra, se construye

Cuando hay algo que te apasiona, no es porque simplemente lo encontraste, curiosamente naciste siendo un crack, y ahora te dedicas a ello. Ya hemos hablado anteriormente de la idea errónea de creer que nacemos con ciertos dones o atributos que nos hacen buenos para algo por mera suerte, acá te dejo el artículo:

Es una idea equivocada creer que hay algo de divinidad detrás de las pasiones. La respuesta es tan simple como elegir algo que te interese, y partirte el c*lo haciéndolo hasta que lo mejores y se vuelva una pasión genuina en tu ser.

Claramente suena fácil y un consejo tipo: “si estás triste, ya no estés triste”. Por eso vale la pena explicar mejor esta idea y desgranarla en partes para entender cómo funciona.

El ciclo de acción y pasión

Esta idea es de la persona detrás del canal de Struthless, así que todas las palmas para él, yo sólo me limito robarme su idea y traducirla para ganarme tu aprecio 😎

Para apasionarte en algo, evidentemente, tienes que ejecutar ese algo. Ya sea bailar, escribir, pintar, cantar, o lo que quieras. Pero ejecutar implica accionar, por ejemplo, no puedes decir que eres un apasionado del dibujo si no dibujas, necesitas hacerlo, brincar a la acción y comenzar a hacer ese algo.

El problema aquí es que no siempre se encuentra la motivación para hacer ese algo, es muy común que un día tengas toda la energía y motivación para algo, lo hagas durante una semana pero a la siguiente ya perdiste motivación y lo abandonas. No sé si a todos, pero me arriesgo a decir que a muchos nos ha pasado y muy probablemente a ti también.

Es difícil seguir el ritmo y ejecutar sin motivación, y más cuando no hay dinero de por medio. Porque seamos honestos, nos movemos por dinero, y aunque no es el tema del artículo, vale la pena tenerlo en mente. Si has tenido que trabajar en algo por largo tiempo, inevitablemente te haces un crack en ese algo, necesitamos seguir comiendo y no podemos dejar de voltear hamburguesas, llenar exceles, repartir pedidos, mandar mails o lo que sea que hagamos (cada quien sus circunstancias). Pero no podemos dejar de hacerlo y cuando es un empleo la motivación puede fluctuar pero la ejecución debe ser constante.

Cuando buscamos algo que nos apasiona es diferente, porque hacer que tu pasión te dé de comer es otra historia. Algunos tienen la suerte de lograrlo y otros convierten su trabajo en pasión porque no les quedó de otra. Entonces cuando no tenemos el factor dinero, es aún más difícil mantener la acción en ese algo que queremos que nos apasione.

Por eso tenemos que tener en la mente el ciclo acción y pasión para generar ritmo hasta que logres construir una gran pasión por algo.

La motivación enciende esa mecha para empezarlo todo, pero es la acción con disciplina la que la mantiene encendida.

Puede ser fácil empezar, el problema es mantener. Y la mejor forma de mantenerlo es prácticamente obligarte a hacerlo aunque llegues a tener momentos en los que no lo disfrutes para nada. El sufrimiento también es parte de la pasión, y si quieres lograrlo vas a tener que estar dispuesto a sufrirlo.

Cuando empieces a tomar acción, vas a comenzar haciendo auténticas porquerías. Retomando el ejemplo de dibujar, tus primeros dibujos van a ser horribles, tenlo por seguro. Entonces cuando veas que tus dibujos sean horribles, voltearás a ver a todos esos artistas que ya lograron algo, y simplemente renuncias porque no tiene sentido ya que nunca llegarás a ser como ellos.

Y aquí está la trampa, aunque hagas dibujos de porquería, tienes que seguir haciéndolo. Tantos dibujos como puedas, porque eso te va a llevar al siguiente punto del ciclo que es: cantidad. Después de hacer una infinidad de dibujos horribles, eventualmente van a ir mejorando, y ahí es cuando llegas al punto de: calidad.

Comienzas a darte cuenta de que te costó sudor y sangre pero has logrado mejorar bastante, es cuando también recibes retroalimentación de otras personas y te dicen que están cool tus dibujos o lo que sea. Y los comentarios negativos también los tomas porque pueden ayudarte a mejorar (si son objetivos). Estos momentos son gasolina para mantener la motivación en el ciclo, lo cual inevitablemente te hará sentir esa pasión y te mantendrá con el rito de acción. Y entras en el ciclo del cual ya será más difícil que te salgas.

Necesitas disciplina, hacer ese algo que elijas por encima de (casi) cualquier cosa, va a doler pero también va a valer la pena. Si no mejor ni lo intentes.

Ya estarás pensando: “Bueno sí, me parto la m*dre haciendo lo que quiero que me apasione pero ¿Cómo elijo ese algo que me apasione? Al final ese es el motivo por el que entré a este chingado artículo”. Calma calma que a eso venimos…

Es fundamental tener en cuenta este consejo y el ciclo “pasión / acción” para que los siguientes consejos tengan sentido.

2. Haz una lista de las cosas que disfrutas hacer aunque sean difíciles

Comienza escribiendo en una lista con todas esas cosas que te interesan y que quisieras desarrollar más a profundidad hasta que puedas considerarlo que te apasione.

Pueden ser tan tontas o serias como las consideres, quítate todos esos prejuicios de la mente también, sobre todo las del cochino dinero. Todo lo que hacemos como seres humanos tiene un gran valor para nuestra existencia, sólo que el cochinos sistema capitalista nos ha reducido a meras máquinas de producir y consumir; pero esta es otra historia de la cual ya escribí con bastante furia al respecto.

Entonces haz esa lista tan larga como puedas, o también puede ser corta no te presiones. El chiste es que sean actividades que te hagan sentir bien cuando las haces, que cuando logras algo en eso te hace sentir cierta satisfacción, que el tiempo se pasa de volada y no lo sufres. Pero cuando lo sufres, lo tomas más como un reto y cuando lo superas te sientes bien.

Eso de “sentirse bien” es bastante subjetivo, pero creo que entiendes a lo que me refiero. Es ese sentimiento de ‘que no sé qué, que no sé cómo’.

En fin, la idea es hacer esa lista en la que mantienes un interés auténtico sin importar si hace dinero o no, si es ridículo, si lo ves imposible, etcétera. Evidentemente la única limitante sería que no puedas hacer esa actividad por cuestiones físicas y materiales, o incluso legales.

En tu lista no tendría sentido poner ser jugador de polo si no tienes un caballo y el dinero para hacerlo constantemente, o ser un asaltante que le encante ser perseguido por policías. Bueno, hace sentido, creo que no debo explayarme en este punto. Cada quién a sus intereses y a sus circunstancias, haz esa lista sólo tomando limitantes materiales.

De esa lista puedes ir haciendo eliminación por prioridades, seguro que habrá algunos intereses que te llaman más que otros. Ve eliminando u ordenando cuáles quisieras probar primero, cuando estés indeciso haz incluso volados con una moneda, porque el siguiente punto se trata de probar hasta decidir qué será esa pasión que vas a construir.

3. Establece un periodo o meta, y no lo abandones hasta terminar

Ahora se trata de convertir un interés en una pasión, tomarás esa lista de actividades y comenzarás a ‘pilotar’ esos intereses pero con intensión de hacerlos algo más.

Como siempre digo, ya dependerá del tiempo y circunstancias de cada quién, pero acá es donde necesitas tomar el interés que haya quedado hasta arriba de esa lista, y comenzar a explotarlo. Hacer todo lo posible para entrar en ese ciclo de acción / pasión del que hablamos anteriormente.

Para ello lo ideal es establecer un periodo en específico o una meta puntual sobre lo que quieres lograr con ese algo. Retomando el ejemplo de dibujar, puedes establecer que durante 1 mes vas a estar dibujando todos los días, y que no vas a renunciar al dibujo hasta que pase ese mes. Dicen que los hábitos se forjan en 28 días, no se puede afirmar a ciencia cierta pero es un buen indicador para tomarlo como referencia. Y así como puede ser un mes, pueden ser 6 o incluso un año completo.

Lo importante de fijar ese periodo es respetarlo, porque en ese tiempo seguramente tendrás algún bajón que te tratará de convencer para que renuncies a ello. Pero no, hay que ponernos duros con nosotros mismos, obligarnos a terminar ese periodo. Rompernos el alma e incluso apreciar el sufrimiento que implica desarrollar esa pasión. Si no somos capaces de soportar el sufrimiento que implica, mejor dejemos de intentarlo y pongámonos a ver Netflix. Tampoco es una obligación ser apasionado de algo, no es a la de ahuevo tampoco. Pero haz que sea una decisión deliberada y no una decisión circunstancial.

Además del tiempo también puedes establecer metas específicas, algo así como: “no voy a renunciar al dibujo hasta que pinte 6 cuadros al oleo”. Después de pintar esos 6 cuadro ya decidirás si lo mantienes o no. El problema de este método, a comparación del periodo, es que pueda llegar un punto en el que ya quieras tirar todo a la mierda por la borda y terminar esos 6 cuadros sin dedicación y terminándolos nada más porque sí.

La forma ya dependerá de qué te funcione más a ti, o qué te haga más sentido. Establece ese periodo, o esa meta, y comprométete a cumplirlo sin importar sus implicaciones.

Cuando termines ese periodo o meta, tendrás más experiencia y herramientas para decidir si sigues por ese camino o pasas al interés que sigue de la lista.


Esto de las pasiones no es algo fácil, es normal, y no es obligatorio pero vale mucho la pena. Los consejos en este artículo son sólo “consejos”, no son verdades absolutas por supuesto, puedes tomar lo que haga sentido y desechar lo que no. Pero espero que te ayude aunque sea un poco a encontrar, o más bien construir, ese algo que te haga sentir una pasión auténtica.

Si has llegado hasta este punto me sorprende, como siempre, muchas gracias por tu tiempo. Si gustas apoyarnos puedes hacerlo compartiendo este artículo o dando clic en alguno de los anuncios que te aparezcan por ahí 🤓

Ser tú mismo: un análisis de nuestra identidad

‘Ser tú mismo es todo lo que puedes hacer’ dice la popular canción “Be Yourself” de Audioslave. Gran canción que nos invita a una profunda reflexión precisamente sobre el significado ser uno mismo, y lo complicado que puede resultar descifrarlo.

Todos los días estamos siendo bombardeados con este tipo de mensajes que dicen cosas como ‘no sigas a los demás’, ‘sé tú mismo’, ‘que no te importe lo que digan de ti’, ‘sé original/auténtico’, y mil etcéteras. Hay una evidente presión para ser uno mismo, y por medio de ello alcanzar la felicidad o al menos cierto grado de satisfacción.

Las canciones, las películas, los comerciales, los influencers y todo lo que se nos mete en los medios empujan constantemente este mensaje. Y por otro lado, nosotros también nos esforzamos en demostrar que somos auténticos, que tenemos identidad, que somos individuos y que sin importar que somos como 8 mil millones de pelados, yo soy único.

En serio… ¿qué es “ser tú mismo”?

ser tu mismo - guru del mame

Soy fiel creyente de que esta pregunta se la deberían hacer absolutamente todos en algún punto de la vida. Esta constante obsesión por querer ser únicos y demostrarlo no nos está llevando a nada bueno. Y si bien es cierto, tratar de responderla, con pensamiento crítico, nos puede llevar a una crisis existencial brutal; pero es mejor que ir por la vida siguiendo deseos que no entendemos y matándonos para lograr metas que no queremos.

Aquí es donde entra nuestra primer palabra clave: deseo. Y para entenderlo habrá que hablar un poco del momento en el que llegamos a este mundo y nuestro rol en él.

Nosotros no nacemos con alguna identidad predefinida, cuando llegamos a este mundo no somos más que bebés que cagan y comen sin saber de por qués ni para qués, no es que nazcamos y ya por defecto seamos lo que tenemos que ser. No hay algo que nos defina por cualidades específicas. Sí que hay cosas que condicionan nuestra realidad y lo que podemos llegar a ser, pero al final tenemos el potencial de convertirnos en lo que sea.

Para entender mejor podemos pensar en objetos. Por ejemplo, unas tijeras están hechas para cortar, cortar lo que sea pero a fin de cuentas, cortar. Los objetos están hechos con un fin en específico, no puedes tomar agua en unas tijeras simplemente porque para eso no son, las tijeras serán tijeras y servirán para lo que fueron hechas y ya está.

Pero nosotros no somos para nada como las tijeras, no somos objetos, somos sujetos; y al serlo significa que literalmente estamos ‘sujetos’ a algo o somos dependientes de otro factor independiente. En nuestro caso, estamos siendo sujetos al contexto y al deseo.

De forma metafórica, podemos pensar en nosotros como una hoja de papel. A nivel molecular, las hojas de papel tienen las mismas características que cualquier hoja de papel en el mundo. Sin embargo, si imprimimos tinta en ellas, una hoja de papel puede llegar a ser mucho más valiosa que otra bajo nuestro contexto. En una puede estar impresa un recibo de la luz y en otro puede estar un acta de matrimonio, a nivel molecular (entendámoslo como el real), son dos pedazos de papel con tinta nada más. Pero por el contexto al rededor de ello nosotros le daremos mucho más valor a una que otra. Así podemos llegar un poco a la conclusión de que nuestra identidad es subjetiva dependiendo el contexto, pero esto ya es un poco más profundo.

Contexto y deseo: el imaginario colectivo

Ahora que ya entendemos que no somos tijeras, sino hojas de papel bajo un contexto, ya es momento de hablar sobre lo que moldea nuestra identidad.

Podríamos decir que es posible dividir el mundo entre lo real y lo subjetivo. Lo real es literalmente lo que es, llegando a nivel de detalle molecular, y lo subjetivo es el contexto que le está dando el ser humano a todo lo que ocurre al rededor de ese mundo real. A ese mundo subjetivo nosotros le damos el significado que queramos, definimos el valor del éxito, el dinero, o el fracaso; todo esto es abstracto, no es para nada tangible, y al hacer que todos creamos y tengamos una definición sobre ello lo hace un imaginario colectivo.

Como decía anteriormente, cuando llegamos a este mundo no tenemos nada predefinido, no tenemos la capacidad de entender ni interpretar razones. El vacío de identidad se va a llenando poco a poco con lo que vaya ocurriendo a nuestro alrededor, cosas como ideas de los padres o contenido que consumimos en los medios. Al final de cuentas, ese vacío se tiene que llenar de algo externo, y nunca de algo interno porque simplemente no hay nada.

Hablando de nuevo sobre la hoja de papel, todo lo que nos rodea y nos moldea es esa tinta que se imprimirá en nosotros. Nosotros dependemos de esa tinta. Bajo nuestro contexto, la tinta es todo aquello que nos inculcan las personas que nos crían y lo que nos venden allá afuera en películas, canciones, noticias, series, redes sociales y mil etcéteras.

Todo lo que queremos llegar a ser está basado en nuestra perspectiva de lo que consumimos. Y lo que queremos llegar a ser lo podemos entender como un deseo. Ese vacío de identidad del que te hablé, lo llenamos con el deseo de querer llegar a ser lo que nosotros creemos que nos hará felices. Pero tu ‘yo ideal’ no es más que una ficción nacida del deseo generado por el imaginario colectivo y el deseo de ser visto o reconocido.

La necesidad de ser reconocidos como únicos

Nosotros determinamos que las cosas existen porque las podemos ver, oler, tocar o cualquier interacción que valide que estás frente a algo real, independientemente de que sea tangible o no. En nuestro caso, la única forma de validar nuestra identidad es que los demás lo reconozcan. Es como la metáfora del árbol que se cae a la mitad de la nada y no hay nadie para escucharlo.

En el momento en que nos ‘reconocen por lo que somos’, nos convertimos en algo similar a un objetos. Ya no somos personas comunes y corrientes, ya somos el abogado, la cantante, el vago, la doctora, el bloguero, o lo que sea. Que te identifiquen como una persona única, te convierte en un objeto, que nos reconozcan por lo que hacemos valida ese sentimiento de que somos auténticos. El reconocimiento nos termina de completar en el objeto que nos queremos convertir al ser nosotros mismos.

¿Entonces realmente queremos ser nosotros mismos? Si ser uno mismo es consolidar una identidad extraída del contexto que vivimos a base de deseos.

Por eso tanta gente que es fan de algo no tan popular se ofende cuando nuevas personas se hacen fans de sus pasiones. Es simplemente triste que alguien se ofenda porque a una persona le empezó a gustar Metallica a raíz de la popularidad de Stranger Things. ¿Cuál es el punto? ¿El hecho de que conocer y ser fan de Metallica mil años antes de Stranger Things te haría único? En realidad se ofenden porque es un golpe a su identidad que han estado forjando durante tantos años. Haciendo entender que lo único que define su identidad es lo que consume, y su autenticidad se ve amenazada cuando alguien más puede llegar a forjar una identidad similar solo por consumir lo mismo.

Pensando también en los influencers y figuras públicas, al final de cuentas ellos también son objetos divididos en categorías como fashion, fitness, lujos, emprendedores, estilo de vida, traveler y mil etiquetas más. Las redes sociales y los influencers han potenciado el deseo y la objetificación de las personas más que nunca antes. Porque la visibilidad y reconocimiento se vuelve cuantificable, por medio de likes y followers. Nos formamos por medio del deseo, y buscamos que otras personas deseen lo que nosotros tenemos, de esta forma validamos que algo estamos haciendo bien.


Suena triste, pero podemos resumir a que somos objetos moldeados por lo que consumimos y por lo que producimos. No sé si llegaste a este post con la intención de llegar a alguna respuesta más certera y te vas a ir con más dudas, pero no hay forma fácil de responder a la incógnita de lo que es ser uno mismo.

Necesitamos entender desde la raíz qué es todo esto del deseo de querer ser único y lo que en realidad implica. Desde mi punto de vista, los deseos son soluciones temporales al eterno vacío de nuestra existencia. Y el gran problema es que nunca vamos a tener suficiente, porque el deseo siempre es contingente, siempre vamos a querer más y nunca lograremos sentirnos satisfechos; entrando en un círculo vicioso de insatisfacción que nos lleve a la ansiedad o la depresión.

El objetivo de este artículo es lograr un poco de consciencia de la realidad y sus implicaciones en nosotros como personas, porque siempre ayuda a tomar mejores decisiones y ser más felices o plenos. No te dejes manipular o seducir tan fácilmente por lo que ocurre en el imaginario colectivo.

Por supuesto que todas las ideas en este artículo no me las inventé yo, son ideas y teorías de Jaques Lacan que desarrolla en sus libros de “Escritos” y “Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis“. Pero son obras muy densas y difíciles de entender, en este post sólo hice un pseudointento por intentar explicar algunas de ellas y a penas de manera muy superficial.

Muchas gracias por haber leído hasta este punto, espero que el artículo te haya resultado al menos un poco interesante. Si gustas apoyarnos puedes hacerlo compartiendo el artículo o dando clic en alguno de los anuncios que te aparezcan por ahí.

Cambiar de opinión o acostumbrarte al estancamiento

La ventaja de escribir y no ser famoso es que nadie te lee. Entonces si estás pasando tus ojos por estas palabras, seguramente me conoces personalmente o por alguna razón demasiado extraña llegaste aquí. Y digo que nadie lea lo que escribo es una ventaja porque tengo la libertad de cambiar de opinión como si se tratara de calzones.

La realidad es que cuando uno no es una figura pública o algo similar, su opinión vale 3 kg de chorizo. Tu opinión sólo le medio importa a tus conocidos más cercanos, familia, amigos etc. pero tampoco es algo tan relevante. Esto parece ser algo malo pero en realidad es uno de los privilegios más grandes que uno puede gozar.

Hoy puedes pensar que vibrar alto es lo más cool y verdadero del universo, y mañana decir que vibrar alto es la pendejada más grande que a alguien se le haya ocurrido. ¡Puedes hacerlo! y lo más importante… debes hacerlo.

Castigar el cambio

Últimamente se ha hecho más evidente el linchamiento mediático o castigo para aquellos que cambian de opinión. Si alguien tenía una opinión contundente sobre algo, pero posteriormente cambia su postura, es motivo para calificarlo como incoherente. ¿Entonces en el momento que uno decide postular una idea al aire tiene que comprometerse con esa idea hasta que se muera?

Por este mismo castigo y ridiculización que uno recibe por los demás, es que las personas odian reconocer que cambiaron de opinión, porque es estar conscientes de que se equivocaron así que prefieren no hacerlo. Todo se vuelve un círculo vicioso, la gente no cambia de opinión porque no quieren aceptar “el error”, y los que linchan a los que piensan diferente nos les permiten cambiar porque de igual manera los van a linchar por incoherentes. ¿Me entiendes a lo que voy?

Eso lo podemos ver todos los días en Internet, con políticos, influencers o cualquier tipo de figura pública que tenga opiniones contrarias a las de la mayoría. Pero como te decía en un inicio, nosotros tenemos el privilegio de cambiar de opinión y que sea irrelevante para cualquiera.

Cambiando ando

Yo personalmente era partidario del emprendimiento y temas de “échale ganísmo”. Podrías darte cuenta solamente con leer un par de artículos publicados anteriormente a este. Tenía la firme idea de que cualquiera puede lograr todo lo que desea, o al menos acercarse un poco. Todo esto surgía gracias a libros de negocios, emprendimiento, y en general de superación, que me hacían ser un defensor de esta mentalidad.

Sin embargo, al comenzar a leer otros libros que contrariaban bastante lo anterior, comencé a modificar mi opinión sobre todos estos temas. Al principio me generaban conflicto, una especie de crisis existencial que me hacían sentir desperdiciado. Sin estar seguro de cuál debería ser el punto de vista o la opinión correcta. Hasta ahora sigo sin saber cuál es el punto de vista correcto, pero he tomado la decisión de cambiar mis ideas; porque encuentro más motivos para creer que estaba equivocado que motivos para mantenerme como estaba.

Me parece que lo mejor que puede hacer uno en la vida es poner a prueba sus convicciones. Aunque parezca una tortura extraña, tratar de convencerte en cambiar de opinión es lo que puede reforzar mejor lo que piensas o tener fundamentos para cambiar.

Por ejemplo, uno puede ser una persona totalmente pro-aborto y tener sus razones, pero nunca ha intentado entender a los que son pro-vida (y viceversa). Porque unos descalifican a los otros sin escuchar razones. No han intentado persuadirse por sí solos a pasarse al otro bando. Si vas a tomar una postura, antes te invito a tratar de convencerte a pasarte al otro lado, si no lo logras, entonces probablemente estarás en el lado que, con fundamentos, consideras el correcto.

Si nunca has cambiado tu postura sobre algo, tal vez no estás teniendo pensamiento crítico y tomas posiciones nada más porque sí. Toma el privilegio de que a nadie le importa lo que opines, pon tus ideas en situaciones incómodas y asegúrate de que tus opiniones o creencias pasaron por un buen filtro y análisis antes de adoptarlas fervientemente.

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