Categoría: Filosofía

Más allá del Fracaso: Reflexiones Inspiradas por ‘Número dos’ de David Foenkinos

Hablar de fracaso siempre es incómodo, obviamente nadie quiere ser un fracasado y mucho menos reconocer que lo es. Hace falta mucha madurez y reflexión para hablar y concluir qué es y qué no es un fracaso para sacar lo mejor del fracaso. Porque sí, el fracaso también trae cosas buenas más allá del aprendizaje.

Esto es lo que me llevo de “Número dos” de David Foenkinos. Un profunda reflexión disfrazada de novela biográfica de Martin Hill, la persona que ‘casi’ es Harry Potter pero se quedó en la raya. En una situación en la que, quedar cerca, sólo fue motivo para perder más feo.

La horrible relación entre fracaso y destino

Lo violento del fracaso es perder el control de su propio destino

David Foenkinos | número dos

Esta frase cae como un balde de agua fría.

Se dice que la vida de una persona se divide en dos partes; la primera en la que se hace de todo persiguiendo un destino, y la segunda en donde somos atropellados por el mismo y tratamos de vivir con ello.

La gran mayoría de las personas no somos conscientes del poco control que tenemos sobre nuestras vidas y nuestro destino. Solemos creer que lo que pase con nosotros está en nuestras manos, que es cuestión de decisiones y un “poco” de suerte.

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Está claro que para el éxito se trabaja duro, y que hay que tener ambición para lograr grandes cosas en la vida. Pero en ocasiones, un pequeño factor fuera de nuestro control dicta la sentencia final de nuestros esfuerzos.

Para el caso de David Hill, que se esforzó e hizo todo lo que estuvo en sus manos para ser Harry Potter, le faltó ‘un algo’ que lo dejó en segundo lugar. Y aquí es donde la vida del fracasado protagonista se parte en dos. Por un lado, una vida de fama, y por el otro, una vida envidiando la fama.

Cuando fracasamos, un parte de nuestro yo que ‘persigue’ su destino se diluye en esperanzas rotas. Cuanto más grande el fracaso, más grande la parte que se diluye.

El fracaso “no” es perpetuo

‘El fracaso no es perpetuo’ es una verdad a medias, o en realidad, una verdad dependiendo de dónde lo veas.

Es cierto que la sensación del fracaso es pasajera, entre más reciente el fracaso, mayor el malestar o el dolor de haberlo vivido. Como cualquier cosas buena o mala que nos pase en la vida.

Sin embargo, por la novela de Foenkinos, llegué a dudar o a reflexionar sobre la perpetuidad del fracaso con la frase:

Es raro que uno tenga acceso a su destino opuesto; nuestro camino único no brinda el menor acceso a los senderos que no tomamos

David Foenkinos | Número dos

Una de las grandes ventajas de nuestra condición humana y las leyes del universo, o llámalo como quieras, es que no podemos conocer el “hubiera”. No sabemos qué pudo o no haber pasado si “hubiéramos” hecho X o Y cosas en Z momento.

Simplemente continuamos con la vida y pensamos “todo ocurre por algo”. Claro está que todo ocurre por algo, todo lo que pasa en nuestras vidas es porque ocurrió ese algo. Bueno o malo, así son las cosas y no se pueden cambiar ni saber qué hubiera pasado.

Entonces, la sensación del fracaso no es para toda la vida, pero las consecuencias de éste sí lo son.


Hay que aprender a vivir con ello. La reflexión que uno se lleva con este libro es dura pero necesaria. Es importante ‘agarrar el toro por los cuernos’ y ver el tema del fracaso directamente a los ojos.

Entenderlo, aprender de él y sus consecuencias. Desde mi perspectiva, hay que tener una buena relación con él para vivir mejor, menos frustrados y más contentos.

Tenemos que saber distinguir los fracasos y sus consecuencias, no sirve de nada negarlo y creer que nunca fracasamos. Hay victorias que al final del día resultan ser derrotas; pero no nos enteramos porque no tenemos acceso a los otros destinos. Y eso es bueno.

No saber cómo hubieran sido las cosas nos mantiene sanos. En la novela de Foenkinos está claro y tiene sentido, el protagonista sufre porque puede ver lo que hubiera ocurrido si él no hubiera fracasado.

Desde mi punto de vista, es uno de los factores por el cual las apuestas son tan exitosas. Porque al apostar, creemos que la victoria está en nuestras manos, y porque sabemos el resultado que ‘hubiera’ pasado si hubiéramos apostado por X o Y resultado.

Hace ver el éxito a la mano y las posibilidades cercanas. Pero esto de las apuestas es sólo un ejemplo, la idea es extrapolar este pensamiento a las diferentes situaciones en la vida.

Explorando el Libre Albedrío: Las Lecciones de Asimov sobre Humanos, Robots y el Futuro

Es incuestionable que Isaac Asimov estaba muy por delante de su tiempo. Su singular habilidad para anticipar el futuro quedó exquisitamente reflejada en sus obras. Esto no significa que todo lo que proyectó en sus libros se haya materializado en un 100%, sino más bien que logró identificar cierta previsibilidad en el comportamiento humano.

Esto nos plantea una interesante reflexión en torno al tema del libre albedrío. ¿Realmente disponemos de libre albedrío? 

En este artículo nos sumergiremos en esta reveladora cuestión, ciertamente compleja y amplia, pero centraremos nuestra atención en las instructivas lecciones que Asimov nos ofrece en emblemáticas obras suyas, como “La Trilogía de La Fundación” y “Yo, Robot”.

Trilogía de La Fundación: El Futuro Predecible

Isaac Asimov, a través de su cosmogónia creada en “La Trilogía de La Fundación”, presenta un futuro donde la predicción de eventos es posible mediante una disciplina llamada psicohistoria. Su protagonista, Hari Seldon, es capaz de prever el futuro de la galaxia mediante el análisis de patrones de comportamiento masivo, planteando importantes cuestiones acerca del libre albedrío en los seres humanos.

¿Es el destino de la humanidad predecible? ¿Nuestra voluntad es libre en tanto podemos alterar el curso de los eventos o simplemente somos actores secundarios en un drama cósmico ya escrito? 

Quizás estos interrogantes sean mejor contestados a través de los matices de las tramas que Asimov crea: veremos cómo, en algunas situaciones, los personajes a pesar de estar conscientes de la predicción, parecen incapaces de evitar su cumplimiento.

Sin embargo, hay otros casos en los que la intervención consciente logra cambiar el rumbo del futuro predecido. Asimov juega con estas tensiones a lo largo de su Trilogía, proporcionándonos multitud de situaciones interesantes para analizar. 

Pero más allá de la psicohistoria, Asimov también agrega otra dimensión a esta exploración del libre albedrío a través de sus famosas Leyes de la Robótica. En sus historias, los robots están programados para seguir estas leyes sin excepción, cuestionando la existencia del libre albedrío en estos seres.

Esto no solo abre una fecunda discusión filosófica sobre la naturaleza de la voluntad en los robots, sino que también plantea la pregunta de si nuestras propias acciones como humanos están realmente libres de restricciones o son simplemente el producto de complejas pero predecibles redes de influencias y causas. 

La Psicohistoria y el Big Data

Como ya hemos mencionado, Isaac Asimov, con una visión premonitoria inusitada, predijo los tiempos en los que vivimos y aquellos a los que nos encaminamos.

En su magistral ‘Trilogía de la Fundación’ introdujo un concepto revolucionario, la “psicohistoria”, una disciplina que permitiría prever el futuro basándose en la acumulación y análisis de grandes volúmenes de datos recopilados a lo largo de épocas. 

Si lo pensamos detenidamente, encontramos fascinantes paralelismos entre este concepto de la psicohistoria y el mundo en el que vivimos actualmente. Los grandes imperios de la tecnología hoy día recogen una desbordante cantidad de información sobre nosotros, los usuarios.

No es solo cuestión de las redes sociales como Facebook o Instagram, que nos observan mientras interactuamos en sus espacios, sino que va mucho más allá; engloba herramientas que forman parte de nuestro día a día, como los buscadores de Internet, encabezados por gigantes como Google. 

Probablemente te preguntes, ¿qué es realmente el big data? El big data, o “datos masivos”, se refiere a la gestión y análisis de enormes volúmenes de datos que no pueden ser tratados de manera convencional, pues superan las capacidades de las herramientas software habituales.

En la actualidad, estas inmensas recopilaciones de datos provienen de muy diversas fuentes como las redes sociales, los dispositivos móviles, las transacciones empresariales y, por supuesto, la multitud de datos recogidos en la web.

Con los avances tecnológicos, se ha vuelto posible recoger, almacenar y analizar estos datos para obtener patrones y correlaciones que puedan ayudarnos a comprender mejor el mundo en que vivimos, y muy específicamente, cómo actuamos y reaccionamos las personas. De este modo, paradójicamente, en la contemporaneidad, la realidad parece emular la ciencia ficción de Asimov.

Estas corporaciones acumulan tal volumen de datos personales que podrían, a imagen de los psicohistoriadores de Asimov, anticipar nuestros propios actos. Pueden comprender lo que nos gusta, lo que nos podría gustar en base a nuestras tendencias; pueden hacer suposiciones acertadas sobre qué es lo que consumiremos a continuación, ya sea tangible o digital. Todo ello gracias al análisis detallado de nuestros hábitos y comportamientos en línea. 

Así, Asimov parecía estar adelantándose a un futuro cercano en el que nuestras vidas, nuestra información, se convertiría en la principal reconocimiento y moneda de cambio. Al explorar y considerar este paralelismo, podemos meditar sobre qué significa realmente el libre albedrío en nuestra era digital.

Reflexiones sobre Big Data y la Implicación en el Libre Albedrío

Las intrigantes narraciones de Isaac Asimov – particularmente en su Trilogía de La Fundación – postulan una visión futurista donde la psicohistoria y lo que se podría comparar con nuestro moderno concepto de ‘big data’, juegan un papel clave en la predicción del comportamiento humano.

Utilizando la psicohistoria, un campo de estudio ficticio en sus obras, Asimov crea un futuro en el que los patrones de comportamiento humano a gran escala se pueden predecir con astuta precisión. 

La intersección entre la psicohistoria de Asimov y big el data de nuestra era nos confronta con fascinantes cuestionamientos sobre la naturaleza del libre albedrío. Si se pueden prever nuestros patrones de comportamiento con tal exactitud, ¿realmente actuamos de acuerdo a nuestro libre albedrío o simplemente seguimos ciertas tendencias y patrones, al igual que un enjambre de abejas? 

La idea puede ser perturbadora para muchos, pues nos gusta creer que nuestras decisiones son resultado de nuestra libre voluntad y no el producto de cálculos estadísticos o patrones previsibles. No obstante, la profunda exploración de Asimov a través de su ficción nos invita a reflexionar sobre estas cuestiones y a cuestionar nuestras percepciones sobre el libre albedrío.

Aquí tienes algunas predicciones hechas con big data que pueden servir de ejemplos ilustrativos: 

  • Predicciones de salud: En el ámbito de la salud, se han utilizado grandes conjuntos de datos para prever brotes de enfermedades, evaluar el riesgo de enfermedades crónicas y optimizar los tratamientos.
  • Predicción en el comercio de acciones: En el mundo financiero, las empresas utilizan big data para prever tendencias del mercado y ayudar en la toma de decisiones de inversión.
  • Predicciones sobre conducta del consumidor: Muchas empresas utilizan el big data para predecir las tendencias de compras del consumidor y personalizar sus ofertas de productos.

Estos casos ilustran el poder de la Big Data para anticipar comportamientos a gran escala, evidenciando una versión cercana a la ‘psicohistoria’ de las novelas de Asimov.

Si bien hoy aún no somos capaces de prever el futuro con total exactitud, no es descabellado pensar que, con unas cuantas décadas más de acumulación de datos, la predicción del comportamiento de las masas a nivel macro podría dejar de ser un concepto de ciencia ficción para transformarse en una realidad tangible.

Abriendo el debate sobre el libre albedrío, surge la interrogante: si realmente existiese el libre albedrío, ¿cómo es posible entonces prever nuestra conducta a lo largo del tiempo? ¿Qué factores condicionan nuestras decisiones hasta el punto de volverlas inevitables? Este misterio nos invita a reflexionar profundamente.

Yo, Robot: la Ausencia de Libre Albedrío en los Robots (IA)

Como ya hemos profundizado en el interesante mundo del libre albedrío a escala colectiva, es hora de examinar este concepto a nivel individual. Para ello, nos adentramos en las proyecciones futurísticas de Asimov contenidas en el icónico libro “Yo, Robot”. 

Asimov, con su peculiar visión de futuro, discute las complejidades que rodean a los robots y a la inteligencia artificial. El autor establece restricciones en el comportamiento de los robots mediante las leyes de la robótica, que incluso ahora, aparecen como guías esenciales para prevenir una hipotética rebelión de las máquinas contra los seres humanos. 

Dichas leyes, teóricamente, solo aplican a los robots debido a la suposición subyacente de que los seres humanos poseen suficiente autonomía para gobernarse a sí mismos. Pero, reflexionemos un poco. ¿Hemos considerado realmente las implicaciones que subyacen en este límite impuesto a las máquinas? ¿Y si, en nuestra limitación del libre albedrío de las máquinas, estamos revelando nuestra propia falta de libertad? 

El debate sobre el libre albedrío, tanto en los humanos como en las máquinas, es tan fascinante como trascendental. A través de las palabras y pensamientos de Asimov, nosotros, como lectores, estamos invitados a reflexionar sobre este complejo tira y afloja entre predestinación y libertad. Así que, ¿dónde te sitúas en este tema? ¿Es posible el libre albedrío o solo es una ilusión en un universo gobernado por leyes físicas y biológicas?

La Ignorancia de las Causas que nos Condicionan

Al igual que los robots de Asimov están bajo las tres leyes de la robótica, a menudo podemos pensar que los humanos somos completamente libres para tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, a diferencia de la programación lineal y predecible de un robot, la psicología humana es increíblemente compleja e influenciada por innumerables variables. 

Estas variables, que abarcan desde nuestro entorno inmediato hasta nuestras experiencias pasadas y nuestro estado emocional actual, interactúan constantemente entre sí para formar una red de influencias que condiciona nuestro comportamiento. Mientras que un robot puede tener una secuencia de comandos que seguir, nosotros, como humanos, tenemos un flujo constante de entradas sensoriales y pensamientos que interactúan entre sí de formas que apenas comprendemos. 

El problema es plantearnos “por qué hacemos lo que hacemos”. Existe un contexto y un ecosistema continuo y perpetuo en el que vivimos y que constantemente ignoramos. Esto es lo que me recuerda a un fragmento increíble de “Ender el Xenocida” por Orson Scott Card que dice:

Entonces, según recuerdo, respuesta filosófica oficial es que el libre albedrío no existe. Sólo la ilusión de tal cosa, porque las causas de nuestra conducta son tan complejas que no podemos explicarlas. Si tienes una fila de piezas de dominó que se derriban unas a otras, entonces siempre puedes decir: mira, esta pieza se cayó porque esta otra la empujó. Pero cuando tienes un número infinito de piezas que pueden seguir en un número infinito de direcciones, nunca encontrarás dónde comienza la cadena causal. Así que piensas: esa pieza se cayó porque quiso. – Orson Scott Card

Seguimos adelante, a menudo guiados por la ilusión de un libre albedrío absoluto, pero como bien indica Card, la complejidad de nuestras elecciones y acciones a menudo esconde sus verdaderas causas. Al igual que un juego infinito de dominós, nuestras decisiones son el producto de una serie de influencias imperceptibles, y puede que nunca podamos rastrear completamente el punto inicial de la cadena causal.

Esto no significa que estemos condenados a ser marionetas de las circunstancias, sino todo lo contrario. Al reconocer la naturaleza compleja de nuestras decisiones y acciones, podemos empezar a comprender mejor no solo a nosotros mismos, sino también nuestras interacciones con los demás y con el mundo que nos rodea. Así, aunque nuestro libre albedrío pueda no ser absoluto, sigue siendo una pieza fundamental de nuestro ser.

Las Implicaciones Filosóficas

Hablar y debatir sobre el libre albedrío es un debate eterno en el que nunca nadie tiene la respuesta final. Como todas esas preguntas sin respuesta sobre nuestra existencia, hay que aprender a vivir con esa duda. Pero no por no tener una respuesta final no significa que hemos fallado de alguna forma. Es importante tener presente nuestra situación, nuestras limitantes.

En la historia del pensamiento filosófico, el tema del libre albedrío ha sido un constante cuestionamiento. Encontramos a pensadores como el filósofo griego Epicurio quien sostenía que “el azar y la necesidad son fundamentos de todo lo que ocurre en el universo”. Idea que en su tiempo iba en contra de la predestinación o determinismo absoluto. 

Por otro lado, el filósofo y matemático René Descartes afirmaba que nosotros, como seres humanos, “siendo creados a imagen de Dios, tenemos libre albedrío igual a él”. En este sentido, Descartes defendía una idea de libertad absoluta. 

En contraste, Immanuel Kant consideraba que si bien en el mundo natural todo es regido por leyes causales deterministas, nosotros como seres racionales residimos en un mundo moral donde prevalece el libre albedrío. 

John Stuart Mill enfatizó en la libertad y autonomía del individuo, estableciendo que “un individuo solo puede ser forzado a actuar según su propia voluntad y decisión”. Él veía la libertad y el libre albedrío indisolublemente vinculados a la idea de la dignidad humana. 

Así como estos, existen muchos otros filósofos que han debatido sobre el libre albedrío, cada uno aportando con su visión y haciendo este tema más rico y profundo. Al explorar estos enfoques, podemos aprender más acerca de nuestra propia naturaleza y comprender mejor nuestros actos y decisiones.

¿Somos libres? Sí. ¿Qué tan libres? No lo sé… Tú dime. 

Ser tú mismo: un análisis de nuestra identidad

‘Ser tú mismo es todo lo que puedes hacer’ dice la popular canción “Be Yourself” de Audioslave. Gran canción que nos invita a una profunda reflexión precisamente sobre el significado ser uno mismo, y lo complicado que puede resultar descifrarlo.

Todos los días estamos siendo bombardeados con este tipo de mensajes que dicen cosas como ‘no sigas a los demás’, ‘sé tú mismo’, ‘que no te importe lo que digan de ti’, ‘sé original/auténtico’, y mil etcéteras. Hay una evidente presión para ser uno mismo, y por medio de ello alcanzar la felicidad o al menos cierto grado de satisfacción.

Las canciones, las películas, los comerciales, los influencers y todo lo que se nos mete en los medios empujan constantemente este mensaje. Y por otro lado, nosotros también nos esforzamos en demostrar que somos auténticos, que tenemos identidad, que somos individuos y que sin importar que somos como 8 mil millones de pelados, yo soy único.

En serio… ¿qué es “ser tú mismo”?

ser tu mismo - guru del mame

Soy fiel creyente de que esta pregunta se la deberían hacer absolutamente todos en algún punto de la vida. Esta constante obsesión por querer ser únicos y demostrarlo no nos está llevando a nada bueno. Y si bien es cierto, tratar de responderla, con pensamiento crítico, nos puede llevar a una crisis existencial brutal; pero es mejor que ir por la vida siguiendo deseos que no entendemos y matándonos para lograr metas que no queremos.

Aquí es donde entra nuestra primer palabra clave: deseo. Y para entenderlo habrá que hablar un poco del momento en el que llegamos a este mundo y nuestro rol en él.

Nosotros no nacemos con alguna identidad predefinida, cuando llegamos a este mundo no somos más que bebés que cagan y comen sin saber de por qués ni para qués, no es que nazcamos y ya por defecto seamos lo que tenemos que ser. No hay algo que nos defina por cualidades específicas. Sí que hay cosas que condicionan nuestra realidad y lo que podemos llegar a ser, pero al final tenemos el potencial de convertirnos en lo que sea.

Para entender mejor podemos pensar en objetos. Por ejemplo, unas tijeras están hechas para cortar, cortar lo que sea pero a fin de cuentas, cortar. Los objetos están hechos con un fin en específico, no puedes tomar agua en unas tijeras simplemente porque para eso no son, las tijeras serán tijeras y servirán para lo que fueron hechas y ya está.

Pero nosotros no somos para nada como las tijeras, no somos objetos, somos sujetos; y al serlo significa que literalmente estamos ‘sujetos’ a algo o somos dependientes de otro factor independiente. En nuestro caso, estamos siendo sujetos al contexto y al deseo.

De forma metafórica, podemos pensar en nosotros como una hoja de papel. A nivel molecular, las hojas de papel tienen las mismas características que cualquier hoja de papel en el mundo. Sin embargo, si imprimimos tinta en ellas, una hoja de papel puede llegar a ser mucho más valiosa que otra bajo nuestro contexto. En una puede estar impresa un recibo de la luz y en otro puede estar un acta de matrimonio, a nivel molecular (entendámoslo como el real), son dos pedazos de papel con tinta nada más. Pero por el contexto al rededor de ello nosotros le daremos mucho más valor a una que otra. Así podemos llegar un poco a la conclusión de que nuestra identidad es subjetiva dependiendo el contexto, pero esto ya es un poco más profundo.

Contexto y deseo: el imaginario colectivo

Ahora que ya entendemos que no somos tijeras, sino hojas de papel bajo un contexto, ya es momento de hablar sobre lo que moldea nuestra identidad.

Podríamos decir que es posible dividir el mundo entre lo real y lo subjetivo. Lo real es literalmente lo que es, llegando a nivel de detalle molecular, y lo subjetivo es el contexto que le está dando el ser humano a todo lo que ocurre al rededor de ese mundo real. A ese mundo subjetivo nosotros le damos el significado que queramos, definimos el valor del éxito, el dinero, o el fracaso; todo esto es abstracto, no es para nada tangible, y al hacer que todos creamos y tengamos una definición sobre ello lo hace un imaginario colectivo.

Como decía anteriormente, cuando llegamos a este mundo no tenemos nada predefinido, no tenemos la capacidad de entender ni interpretar razones. El vacío de identidad se va a llenando poco a poco con lo que vaya ocurriendo a nuestro alrededor, cosas como ideas de los padres o contenido que consumimos en los medios. Al final de cuentas, ese vacío se tiene que llenar de algo externo, y nunca de algo interno porque simplemente no hay nada.

Hablando de nuevo sobre la hoja de papel, todo lo que nos rodea y nos moldea es esa tinta que se imprimirá en nosotros. Nosotros dependemos de esa tinta. Bajo nuestro contexto, la tinta es todo aquello que nos inculcan las personas que nos crían y lo que nos venden allá afuera en películas, canciones, noticias, series, redes sociales y mil etcéteras.

Todo lo que queremos llegar a ser está basado en nuestra perspectiva de lo que consumimos. Y lo que queremos llegar a ser lo podemos entender como un deseo. Ese vacío de identidad del que te hablé, lo llenamos con el deseo de querer llegar a ser lo que nosotros creemos que nos hará felices. Pero tu ‘yo ideal’ no es más que una ficción nacida del deseo generado por el imaginario colectivo y el deseo de ser visto o reconocido.

La necesidad de ser reconocidos como únicos

Nosotros determinamos que las cosas existen porque las podemos ver, oler, tocar o cualquier interacción que valide que estás frente a algo real, independientemente de que sea tangible o no. En nuestro caso, la única forma de validar nuestra identidad es que los demás lo reconozcan. Es como la metáfora del árbol que se cae a la mitad de la nada y no hay nadie para escucharlo.

En el momento en que nos ‘reconocen por lo que somos’, nos convertimos en algo similar a un objetos. Ya no somos personas comunes y corrientes, ya somos el abogado, la cantante, el vago, la doctora, el bloguero, o lo que sea. Que te identifiquen como una persona única, te convierte en un objeto, que nos reconozcan por lo que hacemos valida ese sentimiento de que somos auténticos. El reconocimiento nos termina de completar en el objeto que nos queremos convertir al ser nosotros mismos.

¿Entonces realmente queremos ser nosotros mismos? Si ser uno mismo es consolidar una identidad extraída del contexto que vivimos a base de deseos.

Por eso tanta gente que es fan de algo no tan popular se ofende cuando nuevas personas se hacen fans de sus pasiones. Es simplemente triste que alguien se ofenda porque a una persona le empezó a gustar Metallica a raíz de la popularidad de Stranger Things. ¿Cuál es el punto? ¿El hecho de que conocer y ser fan de Metallica mil años antes de Stranger Things te haría único? En realidad se ofenden porque es un golpe a su identidad que han estado forjando durante tantos años. Haciendo entender que lo único que define su identidad es lo que consume, y su autenticidad se ve amenazada cuando alguien más puede llegar a forjar una identidad similar solo por consumir lo mismo.

Pensando también en los influencers y figuras públicas, al final de cuentas ellos también son objetos divididos en categorías como fashion, fitness, lujos, emprendedores, estilo de vida, traveler y mil etiquetas más. Las redes sociales y los influencers han potenciado el deseo y la objetificación de las personas más que nunca antes. Porque la visibilidad y reconocimiento se vuelve cuantificable, por medio de likes y followers. Nos formamos por medio del deseo, y buscamos que otras personas deseen lo que nosotros tenemos, de esta forma validamos que algo estamos haciendo bien.


Suena triste, pero podemos resumir a que somos objetos moldeados por lo que consumimos y por lo que producimos. No sé si llegaste a este post con la intención de llegar a alguna respuesta más certera y te vas a ir con más dudas, pero no hay forma fácil de responder a la incógnita de lo que es ser uno mismo.

Necesitamos entender desde la raíz qué es todo esto del deseo de querer ser único y lo que en realidad implica. Desde mi punto de vista, los deseos son soluciones temporales al eterno vacío de nuestra existencia. Y el gran problema es que nunca vamos a tener suficiente, porque el deseo siempre es contingente, siempre vamos a querer más y nunca lograremos sentirnos satisfechos; entrando en un círculo vicioso de insatisfacción que nos lleve a la ansiedad o la depresión.

El objetivo de este artículo es lograr un poco de consciencia de la realidad y sus implicaciones en nosotros como personas, porque siempre ayuda a tomar mejores decisiones y ser más felices o plenos. No te dejes manipular o seducir tan fácilmente por lo que ocurre en el imaginario colectivo.

Por supuesto que todas las ideas en este artículo no me las inventé yo, son ideas y teorías de Jaques Lacan que desarrolla en sus libros de “Escritos” y “Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis“. Pero son obras muy densas y difíciles de entender, en este post sólo hice un pseudointento por intentar explicar algunas de ellas y a penas de manera muy superficial.

Muchas gracias por haber leído hasta este punto, espero que el artículo te haya resultado al menos un poco interesante. Si gustas apoyarnos puedes hacerlo compartiendo el artículo o dando clic en alguno de los anuncios que te aparezcan por ahí.

3 ideas clave de Realismo Capitalista por Mark Fisher

Realismo Capitalista de Mark Fisher es uno de esos libros que llega a darnos de trompadas en nuestras ideas, además de que nos deja con el c*lo torcido y sin esperanzas de vivir en un mundo mejor. Sin embargo, es uno de los libros más brillantes que pudiera existir para despertarnos un poco de este mundo adoctrinado y sumido en el status quo. No es un libro feliz de esos que son ‘Bestsellers’ que te dice que la vida es tan bella como puedas imaginártela, más bien es un tanto crudo y difícil de digerir, pero si lo entendemos con el enfoque correcto, nos puede ayudar a ver este mundo con otros ojos y deprimirnos menos porque al menos lo entenderemos un poco mejor.

“No se puede ser feliz en la ignorancia. Esconder la cabeza debajo de la tierra tan sólo te creará una falsa sensación de felicidad que te llevará finalmente a tomar Prozac cuando menos te lo esperes.”

Eduardo Infante en referencia a ideas de John Carpenter y Shepard Fairey

Antes de entrar en materia, es importante hacer un gran paréntesis a todo lo que se dirá a continuación. A resumidas cuentas, todo el libro es una crítica y un análisis al sistema fallido capitalista. Muchos subnormales argumentarán que el capitalismo es la mejor opción, y que si no te gusta te largues a Cuba o Corea de Norte. Es el argumento más ignorante y cerrado que pueda existir, no porque critiques severamente ‘el sistema’ significa que defiendas otros. El ser humano lleva existiendo millones de años, y ninguna civilización se ha mantenido viva por tanto tiempo, lo que nos dice que hasta la fecha no hemos encontrado el sistema perfecto. Este es el tipo de adoctrinamiento capitalista que en algún punto toca Mark Fisher, es como si en la edad media plantearas a un ciudadano promedio que la iglesia y el señor feudal no tienen por qué estar en la cima de la pirámide. En la edad media era imposible imaginarse un sistema socioeconómico diferente al feudalismo, no obstante, hoy ya no existe. En fin…

¿Qué es el capitalismo? ¿Cómo escapamos del capitalismo? ¿Hay alguna alternativa? Son las preguntas más importantes al rededor de la tesis del libro. Preguntas que nuestra sociedad adoctrinada no se plantea porque el capitalismo está metido hasta la raíces del imaginario colectivo. Tratar de responder esas preguntas nos pueden ayudar a entender esta extraña matrix en la que vivimos y probablemente tomar acciones que puedan hacer un cambio (al menos en nuestras vidas). Toda la idea detrás del libro es increíblemente densa y relevante, es imposible hacerle justicia en un simple artículo, pero trataré de hacer mi mejor esfuerzo en explicar estos puntos sin tanta vuelta.

Es más fácil imaginarse el fin del mundo, que el fin del capitalismo

Fredric Jameson & Slavoj Žižek

Capitalismo como doctrina

El sistema capitalista no es simplemente un sistema socioeconómico, también es una realidad psicológica que se nos ha metido hasta las venas. Las bases del sistema se pueden resumir a producir y consumir, más allá de eso no hay más y, sin darnos cuenta, no podemos pensar en algo diferente.

No puede haber ejemplo más claro que el problema del calentamiento global. La respuesta a este problema es fácil de identificar, pero se sale del ‘abanico de opciones’ del ser humano. Lo esencial para poder lograr un cambio realmente sustancial es simplemente dejar de consumir y producir a lo bestia, y no ‘consumir y producir diferente’. No necesitamos más alimentos orgánicos, ni más autos eléctricos, o más productos ‘verdes’ de cualquier tipo, necesitamos dejar de consumir como cerdos de engorde. Pero esta solución no es solución porque saca de la ecuación la producción y el consumo. La gente prefiere no escuchar del tema o pensar que está poniendo de su parte porque usa popotes de semilla de aguacate.

El capital ha logrado otorgar de manera tangible el valor personal como valor de intercambio, lo cual es bastante peligroso en un mundo lleno de animales con egos insaciables. Nuestra humanidad se reduce a cuánto produces y cómo consumes. Convirtiendo a todo aquello que no produce o consume (y que muchas veces es lo que nos hace humanos) en meros discapacitados, piezas de museo o pérdidas de tiempo. El capitalismo ha logrado hacer realidad el sueño húmedo de cualquier religión existente y por existir. Las religiones ayudan a dar respuesta a las preguntas sin respuesta, como darnos un sentido de vida, algo por lo cual vivir, por lo cual luchar y por lo cual morir. El capitalismo también lo hace, pero de forma tangible. Nacer bajo este sistema nos hace crecer bajo la ilusión de que llegamos a un mundo que tiene todas las respuestas, y que además, son las respuestas correctas.

Todo lo que esté sujeto a la regla de producir y consumir es lo correcto, incluso sin importar que involucre explotación de recursos naturales o humanos, simplemente se bautiza como ‘progreso’. El capitalismo es el proveedor definitivo del progreso y la productividad. ¿Por qué habríamos de cuestionarlo o cambiar algo?

Sobre el sentido de la vida

El sistema nos transforma a todos en objetos que forman parte de un espectáculo. La mayoría de las personas van por ahí viviendo la vida en piloto automático, la gente nace con un sentido y un propósito por defecto. Pero… ¿qué ocurre cuando nos cuestionamos el sentido de la vida más allá de nuestro rol en el mundo capitalista? Estas preguntas pueden generar ansiedad a nivel crisis existencial. No se trata de una crisis existencial de no saber decidir entre ser doctor o estrella de rock, si no de cuál es el sentido de la vida misma y no de tu rol como persona en el sistema.

Realismo capitalista - Kurt Cobain

Mark Fisher utiliza el ejemplo de Kurt Cobain para ilustrar este punto. Él fue un artista que entendió perfectamente su rol en la sociedad, sabía que no era más que un accesorio del sistema, una estrella más de MTV. ¿Qué importa lo que haga, si algo más grande tomará mi lugar? ¿Qué importa lo que cambie, si alguien más lo hubiera hecho de todos modos? ¿Qué importo yo, si al final sólo soy un objeto en escenario? De cualquier manera, no eres “fundamentalmente tú”, eres un objeto moldeado por el sistema a base de deseo y espectáculo. Esto podría ser entendido a mayor profundidad con el libro de Slavoj Žižek: ‘El sublime objeto de la ideología’ y del cual espero profundizar más en algún futuro.

El capitalismo se fortalece de su propia crítica

No importa qué tanto luches contra el sistema, el capitalismo siempre va a lograr tomar esa lucha y hacerla suya, y te va a gustar (o al menos a la mayoría). El sistema puede hacer lo que quiera, y cuando sus acciones generan un mal tan evidente, la gente se da cuenta y busca la forma de manifestarse en su contra; pero el sistema siempre puede defenderse al convertir causas en ideología consumible, y les funciona.

Fisher ilustra este problema tomando como ejemplo la película Wall-E, producida por una de las compañías más grandes y poderosas que puedan existir. La película muestra un mundo distópico al cual se podría llegar por el ritmo radical de consumo del ser humano. Es una película de niños, sí, pero la vemos conscientes de que es algo a lo que el mundo podría llegar si las cosas se mantienen tal como están; con el sistema e ideología de consumo y producción que tenemos, más la ausencia de acciones para cambiarlo. El sistema capitalista no necesita ‘censurar’ o no permitir este tipo de contenido en los medios, porque, a pesar de estar consientes de que nos está llevando la v*rga y las razones, la sociedad está bien mientras pueda consumirlo.

Esto lo podemos ver en cualquier causa social o reclamo que puedas ver en el sistema. – ¿Estás inconforme sobre la discriminación a la comunidad LGBT? ¡Ah! Qué bueno que me dices, así agrego colores a mis logos y redes sociales para que te sientas cómodo consumiendo de mi empresa, no necesito cambiar nada que no sea cosa comercial o de relaciones públicas –


Estas son sólo 3 ideas de la primera mitad del libro, planeaba poner de todo el libro en un sólo post pero pensé que terminaría siendo muy largo y probablemente nadie lo termine de leer 💔 si veo que hay buena respuesta continuaré agregando más al post o publicando una segunda parte.

No sé si lo necesitas, pero por si las dudas, aquí puedes leer el libro en español en PDF aunque es escaneado y puede ser medio tedioso pero es gratis (porque nos sentimos cerdos antisistema). En inglés lo puedes comprar en cualquier lado.

Muchas gracias por haber leído hasta este punto, espero que el artículo te haya resultado al menos un poco interesante. Si gustas apoyarnos puedes hacerlo compartiendo el artículo o dando clic en alguno de los anuncios que te aparezcan por ahí 😬

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