Categoría: Opinión

Ficción vs fórmulas: ¿Por qué las novelas superan a los libros de autoayuda?

Este tema puede generar cierto debate, vivimos en una sociedad donde se espera obtener beneficios palpables de cada actividad. Se busca extraer un valor tangible de cada momento, y si no se hace, pareciera que estamos perdiendo el tiempo.

Este enfoque se extiende incluso a nuestra elección de lectura, donde a menudo se mira con desdén a la literatura de ficción y se glorifica a los libros de autoayuda que aparentemente ‘nos enseñan algo útil’. Pero la verdadera pregunta es: ¿Son realmente útiles las lecciones que nos ofrecen los libros de autoayuda? 

Hemos interiorizado la idea de que los libros de autoayuda son la mejor opción si queremos ‘aprovechar’ nuestra lectura. Es un enfoque que pone en un pedestal a estos libros mientras se relega a la ficción, a menudo comparándola con ‘perder el tiempo’ frente al televisor.

Pero este pensamiento no solo es erróneo, sino que hace un flaco favor a la literatura en general, y a la ficción en particular. En este artículo, nos proponemos desmontar este mito y explorar por qué, en realidad, la lectura de ficción puede ser mucho más instructiva y enriquecedora que la de autoayuda.

El principal problema de los libros de autoayuda

El déficit más notorio que se presenta en los libros de autoayuda es que en numerosas ocasiones, no consiguen producir un verdadero impacto en la vida de quienes los leen. Esta percepción surge sin necesidad de realizar un extenso análisis ni una investigación profunda. 

Para ilustrar este punto, podemos referirnos a uno de los libros de autoayuda más populares y vendidos en numerosas naciones alrededor del globo: “Padre rico, padre pobre” del autor Robert Kiyosaki. 

Este libro, centrado en las finanzas personales, ostenta una teoría por la cual el lector obtendrá una serie de consejos útiles para mejorar su economía y acercarse, en teoría, a la riqueza. Sin embargo, a pesar de la gran cantidad de lectores que la obra ha tenido (al menos 20 millones de copias vendidas), no se observan cambios significativos en la realidad. La mayoría de las personas continúa endeudada y con una deficiente educación financiera. 

Desafortunadamente, carecemos de datos concretos que muestren cómo se aplican las ‘enseñanzas’ obtenidas de los libros de autoayuda en la vida cotidiana. No obstante, me atrevería a decir que este tipo de aplicaciones son mínimas, o que si se implementan, lo hacen de manera temporal para posteriormente ser olvidadas. 

Generalmente, estos libros están fuertemente influenciados por la situación personal y las experiencias vividas por el autor. En un mundo tan diverso y con tantos contextos como el nuestro, es imposible que haya consejos universales que apliquen para todos.

La autoayuda es una ilusión de avance

La lectura es a menudo percibida como un hábito intrínsecamente positivo. Cuando invertimos tiempo en actividades como ver televisión o jugar videojuegos, a veces nos sentimos culpables de malgastar nuestros valiosos momentos. Por el contrario, leer casi siempre parece sentirse como una inversión productiva de nuestro tiempo, especialmente cuando se trata de libros de autoayuda. 

Los libros de autoayuda tienen la particularidad de transmitirnos la sensación de que estamos haciendo un uso provechoso de nuestro tiempo. Nos alimentan con todo tipo de consejos y trucos con la promesa de un crecimiento personal significativo.

A modo de ejemplo, podríamos mencionar libros populares como “Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas” o “Piense y hágase rico”. En principio, parecería que estos libros nos ofrecen valiosas lecciones que podrían tener un impacto beneficioso en nuestras vidas. Sin embargo, llegamos a un problema crucial cuando esos consejos no se traducen en acciones y en mejoras reales en nuestras vidas.

Al final del día, si no estamos aplicando lo que aprendemos, estamos desperdiciando nuestro tiempo tanto como lo haríamos viendo nuestro programa de televisión favorito. 

En la gran mayoría de los casos, los libros de autoayuda son fáciles de leer y entender. Nos ofrecen respuestas sencillas a problemas complejos y alimentan nuestras fantasías con promesas de éxito instantáneo. Nos dicen, más o menos veladamente, lo que queremos oír. De esta manera, se torna fácil continuar con la siguiente página, el siguiente capítulo, el siguiente libro sin cuestionar seriamente lo que estamos leyendo.

Podemos terminar el año habiendo leído una pila impresionante de libros de autoayuda, pero al examinar de cerca, a menudo nos encontramos con que estos no han aportado nada significativo a nuestras vidas.

¿Por qué se aprende más de los libros de ficción?

Los libros de ficción nos llevan a través de viajes emocionantes, a mundos desconocidos, e incluso hasta el mismo corazón de las tinieblas, sumergiéndonos en lúdicas aventuras que, si bien son extrapolaciones de la realidad, contienen en su interior profundas lecciones de vida. 

Al leer ficción, se despierta nuestra imaginación y nuestro pensamiento crítico de una manera que rara vez se logra con otro tipo de literatura. Estas historias nos invitan a resolver rompecabezas, a entender personajes complejos, y a ponderar sobre dilemas morales y éticos. Este ejercicio mental fortalece nuestras habilidades cognitivas, complaciendo nuestra necesidad innata de búsqueda del sentido y comprensión del mundo. 

Más aún, la ficción favorece la empatía. Al colocarnos en los zapatos de los personajes, nos volvemos más receptivos a perspectivas y experiencias diversas a las nuestras. Este amplio espectro emocional y el conocimiento adquirido a través de la ficción pueden ser más complicados de extraer de los libros de autoayuda, que suelen centrarse en las experiencias personales single de un autor. 

Extrapolando la ficción a nuestra realidad

Algo que me gusta mucho de la lectura (y del arte en general), es que las obras pasan de ser del autor hacia el lector. Experimentamos las emociones en primera persona y vislumbramos cómo dichas experiencias podrían incidir en nuestra vida. Esta extrapolación de la ficción nos permite vivir infinidad de vidas, algunas lejanas a nuestra realidad, pero todas ellas están sujetas a interpretación personal.

Por ejemplo, si leemos un libro donde el protagonista supera grandes adversidades para alcanzar sus sueños, ese mensaje puede motivarnos a no rendirnos en nuestras propias metas. Como lector, interiorizamos la lucha del personaje y eso nos da fuerza para afrontar nuestros propios desafíos. 

Uno de los regalos más valiosos de la ficción es la introspección que nos provoca. Actúa como un espejo en el que podemos observarnos a nosotros mismos desde una perspectiva distorsionada y ajena. Este reflejo distinto nos permite ver más allá de lo que estamos acostumbrados a ver cada día en nuestro entorno. Nos da la oportunidad de explorar nuestras emociones, confrontar nuestros temores y descubrir nuevas facetas de nosotros mismos. 

La ficción no solo nos entretiene o nos alimenta el intelecto, sino que también nos oferta valiosas oportunidades de exploración y crecimiento personal. Nos reta, nos invita a cuestionar nuestra perspectiva y, a través de sus tramas y personajes, proporciona enseñanzas cruciales sobre la vida. 

Los libros de ficción suelen estar repletos de conflictos y dilemas universales, lo cual facilita la identificación y la empatía. Bajo el amparo de la seguridad que nos proporciona la ficción, somos capaces de enfrentar pensamientos y emociones que en la vida real podríamos encontrar difíciles o intimidantes. 

El poder de las narrativas y conexión emocional

La narrativa es un componente fundamental en cómo aprendemos y comprendemos el mundo. Cuando leemos una novela, nos identificamos con los personajes y sus experiencias, arraigando en nosotros esas lecciones mucho más profundamente que un libro de autoayuda que simplemente nos dice qué hacer. 

Los libros de ficción nos permiten experimentar una amplia gama de emociones sin las consecuencias que podrían tener en la vida real. Esta experiencia emocional puede ser tremendamente valiosa, ya que nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad para empatizar y comprender a otros. 

Exploración de la condición humana 

A lo largo de las historias que nos contamos en las novelas, exploramos los aspectos más profundos de la condición humana. Temas como la soledad, el amor, la pérdida, el miedo y la esperanza se exploran de manera que nos permiten aprender y crecer. 

La filosofía es uno de los temas que más recurrentemente aparecen en las novelas. Aunque no digan literalmente ‘filosofía’, las historias llevan ocultas diferentes cuestiones importantes de la condición humana. Ya lo hablamos en este artículo sobre las lecciones de libre albedrío que nos dan las historias de ciencia ficción de Isaac Asimov. O la filosofía detrás del fracaso con el libro de “Número dos” de David Foenkinos. 

Para cerrar

La ficción tiene el poder de abrirnos a nuevas formas de pensar, sentir y ser. Y eso, querido lector, es autoayuda en su máxima expresión. Los libros de ficción nos sumergen en mundos alternativos, permitiéndonos vivir vidas que no son nuestras, enfrentar desafíos y dilemas que quizás nunca tendremos que enfrentar en la vida real. En este proceso, no solo cultivamos nuestra imaginación, sino también nuestra empatía y comprensión. 

Por otro lado, los libros de autoayuda tienden a reducir las complejidades del ser humano a fórmulas simplistas que no tienen en cuenta nuestras diferencias y particularidades individuales. En lugar de abrirnos a la realidad de la existencia humana en todas sus facetas, estos libros suelen enfocarnos en metas y objetivos materiales o superficiales, lo que puede limitar nuestra capacidad de crecimiento y desarrollo personal. 

Es ahí donde los libros de ficción ganan la partida a los de autoayuda. Porque sí, los libros de ficción también pueden motivarnos, inspirarnos e incluso darnos consejos prácticos. Pero su principal punto a favor es que no nos venden soluciones fáciles, sino que nos plantean preguntas difíciles que nos empujan a reflexionar y autocontemplar de formas mucho más profundas y significativas.

En conclusión, no hay nada malo en buscar ayuda o guía en un libro. Sin embargo, donde realmente se encuentra el verdadero aprendizaje y autoconocimiento es en esas páginas llenas de personajes complejos, tramas intrincadas y mensajes ocultos que solo la ficción puede ofrecernos.

Cambiar de opinión o acostumbrarte al estancamiento

La ventaja de escribir y no ser famoso es que nadie te lee. Entonces si estás pasando tus ojos por estas palabras, seguramente me conoces personalmente o por alguna razón demasiado extraña llegaste aquí. Y digo que nadie lea lo que escribo es una ventaja porque tengo la libertad de cambiar de opinión como si se tratara de calzones.

La realidad es que cuando uno no es una figura pública o algo similar, su opinión vale 3 kg de chorizo. Tu opinión sólo le medio importa a tus conocidos más cercanos, familia, amigos etc. pero tampoco es algo tan relevante. Esto parece ser algo malo pero en realidad es uno de los privilegios más grandes que uno puede gozar.

Hoy puedes pensar que vibrar alto es lo más cool y verdadero del universo, y mañana decir que vibrar alto es la pendejada más grande que a alguien se le haya ocurrido. ¡Puedes hacerlo! y lo más importante… debes hacerlo.

Castigar el cambio

Últimamente se ha hecho más evidente el linchamiento mediático o castigo para aquellos que cambian de opinión. Si alguien tenía una opinión contundente sobre algo, pero posteriormente cambia su postura, es motivo para calificarlo como incoherente. ¿Entonces en el momento que uno decide postular una idea al aire tiene que comprometerse con esa idea hasta que se muera?

Por este mismo castigo y ridiculización que uno recibe por los demás, es que las personas odian reconocer que cambiaron de opinión, porque es estar conscientes de que se equivocaron así que prefieren no hacerlo. Todo se vuelve un círculo vicioso, la gente no cambia de opinión porque no quieren aceptar “el error”, y los que linchan a los que piensan diferente nos les permiten cambiar porque de igual manera los van a linchar por incoherentes. ¿Me entiendes a lo que voy?

Eso lo podemos ver todos los días en Internet, con políticos, influencers o cualquier tipo de figura pública que tenga opiniones contrarias a las de la mayoría. Pero como te decía en un inicio, nosotros tenemos el privilegio de cambiar de opinión y que sea irrelevante para cualquiera.

Cambiando ando

Yo personalmente era partidario del emprendimiento y temas de “échale ganísmo”. Podrías darte cuenta solamente con leer un par de artículos publicados anteriormente a este. Tenía la firme idea de que cualquiera puede lograr todo lo que desea, o al menos acercarse un poco. Todo esto surgía gracias a libros de negocios, emprendimiento, y en general de superación, que me hacían ser un defensor de esta mentalidad.

Sin embargo, al comenzar a leer otros libros que contrariaban bastante lo anterior, comencé a modificar mi opinión sobre todos estos temas. Al principio me generaban conflicto, una especie de crisis existencial que me hacían sentir desperdiciado. Sin estar seguro de cuál debería ser el punto de vista o la opinión correcta. Hasta ahora sigo sin saber cuál es el punto de vista correcto, pero he tomado la decisión de cambiar mis ideas; porque encuentro más motivos para creer que estaba equivocado que motivos para mantenerme como estaba.

Me parece que lo mejor que puede hacer uno en la vida es poner a prueba sus convicciones. Aunque parezca una tortura extraña, tratar de convencerte en cambiar de opinión es lo que puede reforzar mejor lo que piensas o tener fundamentos para cambiar.

Por ejemplo, uno puede ser una persona totalmente pro-aborto y tener sus razones, pero nunca ha intentado entender a los que son pro-vida (y viceversa). Porque unos descalifican a los otros sin escuchar razones. No han intentado persuadirse por sí solos a pasarse al otro bando. Si vas a tomar una postura, antes te invito a tratar de convencerte a pasarte al otro lado, si no lo logras, entonces probablemente estarás en el lado que, con fundamentos, consideras el correcto.

Si nunca has cambiado tu postura sobre algo, tal vez no estás teniendo pensamiento crítico y tomas posiciones nada más porque sí. Toma el privilegio de que a nadie le importa lo que opines, pon tus ideas en situaciones incómodas y asegúrate de que tus opiniones o creencias pasaron por un buen filtro y análisis antes de adoptarlas fervientemente.

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